El Museo Histórico «Fuente Ribera»
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El Museo se integra en el proyecto municipal denominado Ecomuseo del Río Caicena, que abarca otros núcleos museísticos como son el Museo del Campesinado, el Centro de Recepción y Exposiciones Temporales, la Sala de Conferencias y Talleres…, diversas rutas senderistas (como la que corre paralela al río hasta alcanzar la espectacular cascada del Salto del Caballo), o los yacimientos arqueológicos visitables del poblado ibérico del Cerro de la Cruz y la villa romana de El Ruedo (ambos declarados como Bienes de Interés Cultural). Son precisamente estos dos yacimientos arqueológicos los que dan contenido al Museo, al que se le suma una sala dedicada al olivo (aprovechando la maquinaria de la antigua almazara ubicada en el mismo), así como también referida a los molinos harineros, que la fuerza del río Caicena a lo largo de su recorrido movía antaño, configurándose como el núcleo museístico principal del Ecomuseo, y que nos habla de los orígenes mediterráneos de la cultura andaluza.


En la primera planta del Museo nos adentramos en el mundo de los íberos,
cultura prerromana indígena que se extendió por el Sur de Francia, el
Levante y Sur peninsular, y que tiene en el poblado del Cerro de la Cruz
un magnífico exponente. Las excavaciones arqueológicas en el Cerro de
la Cruz nos han descubierto un poblado bastetano (uno
de los pueblos íberos descritos por los historiadores grecorromanos) del
siglo II a.C., con una complejidad urbanística importante, un
influencia púnica apreciable, un desarrollo de las manufacturas
considerables (destacando la cerámica de diferentes tipologías y
decoración típica, los trabajos textiles y la orfebrería) con un
componente bélico en su población expresado en el armamento (destacando
la espada o falcata de hoja curva) que aparece normalmente doblada junto
a las tumbas de incineración como ajuares de tránsito de la vida a la
muerte. El poblado posee un nivel ceniciento muy potente de destrucción
violenta, fechado a finales del siglo II a.C., que está en relación con
el afianzamiento del poder de Roma en este territorio.


La segunda planta nos introduce en la cultura romana, la primera que dio cierta homogeneidad sociocultural y política a todo el Mediterráneo. Centrada en la villa romana de El Ruedo (siglo I-IV d.C.), una de las mejor conservadas de la Península Ibérica, nos adentra en esta especie de cortijo que combina instalaciones productivas “pars rustica” (albercas, hornos de cerámica, almazaras de aceite…) con una lujosa vivienda residencial “pars urbana” que sigue el modelo de casa mediterránea en torno a un patio central, con profusión de mosaicos, pinturas murales y esculturas. La villa romana es la expresión de la plena romanización de este territorio a partir de la colonización agrícola, donde la gran propiedad vinculada a ella (sobre todo a partir del siglo IV) albergó a una población esclava y de colonos sujetos a patrocinio del señor “dominus” que se enterró en la necrópolis aledaña (con más de 400 tumbas de inhumación) a la que se dedica un espacio diferenciado dentro de la sala. En este contexto las esculturas no sólo servirían para decorar la vivienda residencial sino para darles culto y con ello vincular más estrechamente a la población campesina con el “dominus”. Entre las esculturas destacan el grupo de Perseo y Andrómeda, la estatua de ATTIS (divinidad de origen oriental vinculada con los ritos funerarios) y el HERMAFRODITA danzante, las dos cabecitas HERMAE o protectores del hogar que representan a DIONISOS y APOLO, y sobre todo la estatua de bronce del dios del sueño HYPNOS o SOMNUS, vinculado con su hermano la Muerte (TANATOS), con la medicina y la adivinación, y cuya morada, descrita en la mitología grecorromana, parece estar imitando la composición de la sala del comedor de la vivienda residencial (con fuente o “ninfeo” y mesa “triclinium” para comer recostado).



La cueva de la Encanta se encuentra a orillas del río Caicena, en las inmediaciones del Museo Histórico. La cueva recibe este nombre gracias a una antigua leyenda contada por los habitantes de Almedinilla. Esta cuenta la historia de amor imposible entre una mora y un cristiano. Una bella joven acostumbraba a bajar al río a lavar cada día, se encontró con un joven cristiano que al verla se enamoró de ella, surgiendo entre ellos un bello romance el cual pudieron mantener en secreto tan sólo unos cuantos días, ya que los hermanos de ella no tardaron en descubrirlo y dar muerte al joven cristiano. Cuando ella descubrió el cadáver de su amado, enloqueció y se refugió en una cueva cercana dónde pasó sus últimos días. Desde entonces, se dice que en la madruga de San Juan se ve a la joven mora en la orilla esperando encontrarse con a su amado.

Finalmente dentro del edificio del Museo podemos visitar una sala dedicada al olivo (aprovechando la maquinaria de la antigua almazara ubicada en el mismo), así como también referida a los molinos harineros,
que la fuerza del río Caicena a lo largo de su recorrido movía antaño,
configurándose como el núcleo museístico principal del Ecomuseo, y que
nos habla de los orígenes mediterráneos de la cultura andaluza. En esta localidad antiguamente podíamos encontrar molinos harineros a lo largo de todo el cauce el río Caicena. Es por ello por lo que en el Museo se ha querido dedicar una sala expresamente a esta actividad, y así poder observar la evolución de como se producía la harina desde la antigüedad hasta nuestros día.


