Repulsión es la palabra que se me viene a la cabeza cada vez que fluye el discurso de odio, y que extiendo a quienes tanto se preocupan de alimentarlo. Un verano más la LGTBiQ+ fobia se enreda como hiedra en los cimientos de la sociedad. A decir verdad no descansa nunca, aunque se exacerba en dicho periodo estival: quizá sea debido a que según algunos estudios se vincula el calor con un aumento de la irritabilidad, la agresividad y la violencia. Alguien dijo que “la visibilidad hace a los gais más libres y, paradójicamente, más fáciles de atacar”. Desde la asociación almedinillense Retama, nos unimos al rechazo que suscita cualquier conato de desprecio a nuestra Comunidad. Como muestra del hartazgo a la feroz represión que prende por doquier y ataca con una voracidad desmedida, considero necesario reseñar tres atentados para evitar que caigan en el olvido: la masacre en una discoteca de Orlando (EEUU), el tiroteo en un pub LGTB de Oslo, y el más reciente, un atropello masivo en Berlín. El denominador común que comparten es que sucedieron durante las celebraciones del Orgullo. Por desgracia, en pleno siglo XXI, aún se escucha el manido mantra de “Orgullo: ¿para qué?”. La matanza de la discoteca Pulse de Orlado fue un tiroteo que tuvo lugar el 12 de junio de 2016, en el que cuarenta y nueve personas fallecieron y otras cincuenta y tres resultaron heridas de diversa índole. El autor, Omar Mir Seddique Mateen, murió también al ser disparado por la policía. La mayoría de las víctimas eran de origen hispano (puertorriqueños, dominicanos y venezolanos). En la citada discoteca se efectuaban actuaciones temáticas cada noche, y se llevaba a cabo un programa mensual con acontecimientos destinados a la comunidad LGTBiQ+. El asesino reflejó en sus redes sociales, varias horas antes de los disparos, que prometía venganza por los ataques aéreos estadounidenses en Irak y Siria. Los tiroteos de Oslo sucedieron el 25 de junio de 2022, cuando dos personas perdieron la vida y veintiuna más fueron heridas, coincidiendo con el evento local del Orgullo organizado por la sucursal de Oslo de la Organización Noruega para la Diversidad Sexual y de Género. Zaniar Matapour fue acusado de asesinato, intento de asesinato y terrorismo. Según se desprende de las declaraciones efectuadas por su madre, el criminal había sido diagnosticado de esquizofrenia paranoide. Al igual que el atentado de Orlando, para los agentes investigadores del caso, consta que Matapour estaba radicalizado como fundamentalista islámico. La tragedia volvió a mascarse el Día del Orgullo en Berlín, festejado el 25 de julio de 2026. Según fuentes policiales, Abdul B., de tan solo 21 años, circulaba con un coche por una céntrica calle de la capital alemana alrededor de las 22:00 horas, y arrolló a varias personas, muriendo en el acto una mujer y resultando heridas veintinueve personas, algunas de ellas de gravedad. Abdul fue abatido dos días más tarde por la policía y se descubrió que pertenecía a una cédula islamista. Ahora bien, puede pensarse que tales muestras de odio solo fueron consecuencia de terroristas islámicos, por su particular modus operandi. Sin embargo, en territorio patrio, ¿cómo justificamos el asesinato del joven Samuel Luiz? Existe otra forma de radicalización, que crece y se ramifica a velocidad de vértigo, encabezada por acérrimos adeptos a la ultraderecha, que enarbolan la bandera de la homofobia como envés de la española, a la que profesan una adoración desmedida y un amor enfermizo a partes iguales. El crimen de Samuel en La Coruña se concibe como fragante caso de asesinato por agresión homófoba, acompañado de omisión de socorro. Samuel Luiz Muñiz (español de 24 años de origen brasileño), fue increpado por una pareja a la salida de una discoteca, a la que había acudido con unos amigos. Mientras el chico realizaba una videollamada, fue interpelado por su agresor que, después de propinarle una paliza, y pensando el propio Samuel y sus amistades que el infausto conflicto quedaría ahí sin llegar a mayores, al aproximarse al paseo marítimo, el agresor reapareció junto con un grupo de personas que lo torturaron hasta dejarlo inconsciente. Tras su traslado al Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña, perdió la vida como consecuencia de las numerosas heridas sufridas. Existe la violencia explícita y una violencia aparentemente silenciosa que se normaliza, que se extiende como una gangrena a los parches impuestos para justificar inacciones políticas. Como bien sabéis, los incendios están provocando un daño irreversible en buena parte de España. La falta de prevención (los fuegos se apagan en invierno) y el recorte de medios para atajarlos, son la combustión perfecta para que se extiendan como la pólvora por nuestra geografía. El negacionismo es otra palabra clave a tener en cuenta: se niega el cambio climático y se niega la libertad para amar. Ambas negaciones parecen no tener que ver, hasta que se vulnera la Ley Trans como chivo expiatorio para justificar lo injustificable. Tal vez parezca un galimatías lo que estoy abordando, pero si nos remontamos a apenas un año atrás, la polémica ya está servida, y con ella una cortina de humo cuyos efectos siguen flotando en el ambiente, pero que pretende derrumbarse de una vez por todas durante estos días de canícula veraniega. Los rescoldos que la derecha creía haber apagado se han vuelto a reavivar este 2026 por los adversarios políticos para crear un cortafuegos al desvío de dinero a la privatización de la sanidad, a la concertación de la enseñanza, y a una pasión que no parece tener fin por la tauromaquia. Sin más preámbulos me ciño a la noticia: los incendios forestales arrasan miles de hectáreas en España y la gestión acometida por las diversas administraciones se miden con lupa; tanto es así que vuelven a la palestra las palabras del alcalde madrileño José Luis Martínez-Almeida, quien en septiembre de 2025 culpabilizó a la Ley Trans del Gobierno central por la carencia de efectivos de bomberos municipales. Con las brasas aún candentes de tal despropósito, renace el debate público: Almeida prometía entonces el compromiso de crear 1750 plazas de bomberos, pero tal promesa quedó en agua de borrajas. Transcribo sus palabras de entonces: “No solo es una forma de hablar, hemos convocado más de 500 plazas de bomberos desde que estamos. Si no hay en estos momentos 126 bomberos y 60 conductores especialistas en las calles de Madrid, es por la infame Ley Trans que aprobaron en el Congreso de los Diputados, que lo único que hace es perjudicar que los derechos de las mujeres retrocedan en España como nunca se había hecho con una normativa en democracia. Nadie, ninguna ley en democracia, ha hecho tanto daño a las mujeres como la ley del ‘sí es sí’ y como la ley trans. (…) No hay en estos momentos 126 bomberos y 60 conductores especialistas por esa infame ley trans”. En definitiva, y procurando resumir antes de darme varios cabezazos para tratar de comprender lo incomprensible, en una convocatoria de bomberos algunas plazas son reservadas para mujeres. Un aspirante que había quedado fuera de las plazas de acceso general solicitó que se le reconociera como mujer al amparo de la Ley Trans para optar a esas plazas reservadas. Dicho proceso dio lugar a recursos y litigios judiciales y, según Almeida, mientras esos recursos no se resolvieran, no podría incorporarse toda la promoción de bomberos. Por ello se responsabilizó a la Ley Trans del retraso. Una forma de pasar por la tijera servicios públicos, en definitiva. Y cómo no, llega el verano, y con él los incendios, y la escasez de recursos hace mella. Ahora bien, cuando son incapaces de gestionar su extinción, recurren al Gobierno Central al que denostan, abogando por que active una Emergencia Nacional. El daño ya está hecho: los derechos de parte del Colectivo se estigmatizan y olvidan intencionadamente las competencias de las Comunidades Autónomas, que no viene mal recordar para desmontar bulos. Son competencias de las CCAA: la vivienda, la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, la protección de menores, la gestión forestal y la prevención de incendios, los bomberos, el transporte público autonómico, las carreteras autonómicas, la ordenación del territorio y el urbanismo, la agricultura y la ganadería, el turismo, y la cultura y el patrimonio. Disculpad que me haya ido por las ramas, pero cuando lo que se prioriza va en contra de lo que establece la legislación y se persiguen fines mercantilistas, que cada cual saque sus propias conclusiones. Vamos por la cuarta ola de calor, los ánimos están crispados, se persigue al que es diferente, se insulta al que ayuda y se aplaude al que elude responsabilidades, la sociedad se da la vuelta como un calcetín y, pese a todo, aún estamos quienes aportamos nuestro granito de arena para que el mundo no se desquicie más de lo que ya está. Todavía se escucha el sonsonete del “¿y el Orgullo para qué?” Y yo les respondo con otra pregunta: “¿y por qué tanto odio?” José Manuel Muñoz Serrano.





