Quisiera hacer una pequeña crónica para el periódico local como la que tú harías, querido amigo, pero no me resultanada fácil. Intento empezar diciendo que, perder uno de los vecinos más apreciados y reconocidos de nuestro pueblo es la noticia más triste y dolorosa que podíamos esperar en este desgraciado comienzo del nuevo año. Pero lo que siento hoy es que otra vez un golpe seco nos ha partido el alma sin avisar. Hoy se ha enmudecido “La Fuentezuela”. Hoy se rompen de dolor nuestros corazones por la pérdida de una persona que con toda la generosidad del mundo ha dado cuanto tenía por Almedinilla. Hoy sentimos que se nos va una figura esencial en el trabajo y en el compromiso social y cultural de nuestro pueblo. Hoy nos falta el Maestro que no dejaba jamás de asumir cualquier responsabilidad y el investigador incansable que le llevó a las Reales Academias. Pero, sobre todo, hoy sabemos que echaremos mucho de menos a uno de los protagonistas de los grandes cambios que ha experimentado nuestro pueblo y una persona comprometida con su gente. Un Teniente de Alcalde, cuando tuvo que serlo, y un Juez de Paz que lo asumió dando la máxima dignidad institucional durante décadas con una actitud de servicio hacia los demás ejemplar.
Amigo, Manolo, en este momento me viene a la memoriacon dolor los recuerdos de tantos años juntos de los que me he sentido y me siento tan orgulloso. Te aseguro que todavía me hieren los que vivimos por un sufrimiento que se evidencia cada vez más injusto; pero, sobre todo, pasan por mi mente todos aquellos recuerdos que se quedarán para siempre: todas las ilusiones y todos los proyectos cumplidos con los que hemos disfrutado juntos, querido amigo, y que son los motivos por los que ha compensadotrabajar sin descanso, por los que ha valido la pena vivir y por los que siempre me sentiré orgulloso de ti.
Querido Manolo, sabemos que contigo muchos perdemos un pilar importantísimo en la tarea que iniciamos hace bastantes años ya, pero no dudes que tu ejemplo y tu labor no será en vano. Se convertirá en una simiente que seguirá germinando en cada uno de los días. Porque las buenas personas, las personas comprometidas no se van nunca,son semillas que darán frutos permanentemente en una sociedad que necesita de referentes como tú, como Manolo Carrillo.
Querido Amigo, te has ido como se van los buenos, dejando dolor y provocando un vacío único imposible de suplantar. Pero también, como los buenos, tú te quedarás para siempre porque te llevaremos en nuestros corazones mientras vivamos; y después, seremos capaces de mantenerte en la memoria como hacen los pueblos dignos con sus hijos predilectos.
Querido Manolo, nos dejas un dolor inmenso, pero nos sentimos contentos y orgullosos de haberte tenido siempre cerca.
Gracias, por todo.
Paco Pulido

