Recorrido por la villa de Almedinilla
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Una vez visitada la villa romana nos disponemos a recorrer el pueblo, para ello cojemos nuestro vehiculo para dirigirnos hacia el Parque de la Alameda donde comenzaremos nuestro paseo por esta bonita localidad cordobesa.

Junto al parque se situa el Coliseum, de reciente construcción su aspecto está inspirado en el de los coliseos y circos romanos. Este edificio emblemático tiene numerosos usos, acoge el Mercado Artesanal «Foro Coliseo» que se celebra el primer domingo de cada mes, los famosos Banquetes Romanos para 300 comensales dentro de las Jornadas Iberorromanas «Festum», recreaciones históricas, conciertos, fiestas locales o de asociaciones, actos deportivos como el Trail Running Coliseo y actos taurinos como la Tradicional Suelta de Vaquillas que se celebra en la Feria Real de Septiembre o la Final del Certamen de Novilladas.

El parque de la Alameda es una de las varias zonas verdes que podemos disfrutar de la localidad, en este se suelen celebrar las fiestas del pueblo y justo al lado del mismo se situa el edificio del Molino de Corea, uno de los edificios industriales más antiguos de Almedinilla que tuvo su mayor apogeo en los años 60 y 70, convirtiéndose en esta época en una de las almazaras más importantes de la zona y que hoy en dia se encuentra en estado de abandono. Ha sido adquirido por el ayuntamiento para demolerlo y darle un espacio acorde con la zona en la que se ubica.

Desde el parque continuamos por la calle Iglesia donde a mitad de la misma y en una pequeña plazuela nos encontramos con la silueta de la Iglesia de San Juan Bautista. Es de época contemporánea (cultura post-modernista). Perteneció a la jurisdicción del Abad de Alcalá la Real (Jaén) hasta 1835 en que pasó a depender de Priego, ciudad a la que estuvo adscrita Almedinilla hasta 1844 en que se constituyó como municipio. Tuvo una iglesia construida en 1769 de la que se conserva sólo la espadaña de sillería, usada como humilladero en el atrio de la actual parroquia. El nuevo templo se construyó en 1978. Su fachada es muy sobria, con cubierta a dos aguas, ósculo central y espadaña al lado izquierdo, con tres tramos y presbiterio, también adintelado y forrado de madera decoración con casetones. El testero plano se adorna con tres paños verticales, los laterales de ladrillo visto y el central enlucido, separados con fajas de vidrieras de símbolos relativos a la creación, pecado original y rendición, obra, como todas las del templo. En el presbiterio destaca el crucificado de tamaño natural ( anónimo del s.XVll ) y estética sevillana de mediados del XVII, mientras la imagen de San Juan Bautista, talla de madera estofada y policromada, salida del taller de Alonso de Mena hacia 1630. La iglesia está presidida por su Nazareno, s.XVIII, del círculo de José de Mora.

Continuamos por la calle Iglesia para al final de la misma girar a la izquierda y continuar nuestro paseo por esta preciosa localidad por la calle del Río donde hacemos una parada para contemplar la Fuente de las Ranas. La fuente consiste en un pilarillo de planta oval ochavada, situado sobre una plataforma del mismo diseño enmarcada por banda de ladrillo, en cuyo centro se alza un surtidor en forma de esfera.
Proseguimos la ruta por la calle del Río para al final de la misma continuar por la izquierda, en concreto por la calle Ronda de Andalucía done hacemos una parada para contemplar la Fuente del León. También conocida como fuente de la República de Almedinilla. La fuente consta de un frontoncillo de granito rojo adosado a un muro de contención de mampostería. En su parte superior se encuentra el rótulo que indica el carácter potable del agua y en la parte central el rostro de un león labrado en piedra, de cuya boca sale el caño de agua que vierte sobre una pileta de planta semicircular de 50 cm. de altura. La fuente está enmarcada en un espacio de planta rectangular pavimentado con losas de mármol modernas y donde se incluyen algunos bancos de asiento.

Según Francisco Pulido, la fuente del León fue construida en tiempos de la Segunda República, régimen político al que dicho animal pretendía simbolizar; en su parte superior había una lápida con la primitiva denominación de «Fuente de la República» pero los acontecimientos políticos determinaron que, en los años siguientes al final de la Guerra Civil, dicho rótulo fuera borrado a martillo y cincel y la fuente adquiriera la actual denominación de fuente del León. La fuente está bien conservada y el entorno cuidado, pues su acceso se ha pavimentado convirtiéndose en un ínfimo parquecillo. Sin embargo, debido a lo angosto del espacio donde se ubica y al crecimiento de la vegetación por su parte superior, el rincón ocupado por la fuente está muy oscuro y resulta poco visible, pudiendo pasar desapercibido con facilidad. Aunque la fuente está en uso y su agua puede ser consumida, tiene una función preferentemente decorativa.

Continuamos la ruta cojiendo la calle Molinos la cual nos llevara por un precioso sendero hacia un lugar paradisiaco y maravilloso donde se ubica el edificio ddel Museo Arqueologico de Almedinilla. Entre los rincones con encanto de Almedinilla ninguno iguala a la calle Molinos y su entorno, el barrio del Puente, un apéndice meridional que se extiende entre la protectora pared rocosa y el cauce del río Caicena, agua, roca y cal, trinidad de elementos sabiamente combinados por el hombre y la naturaleza para crear un espacio donde al viajero le gustaría perderse. El rincón más pintoresco de la calle Molinos es la casa del Arco, una vivienda tradicional apoyada en la roca que, para no interceptar el camino del viejo Molino de Fuente Ribera, abre en su fachada un esbelto arco blanco. Traspasarlo es como entrar en una nueva dimensión del paisaje: por la izquierda surge una vertical pared rocosa que culmina en el Pingorote –“el dedo que sacó un gigante enterrado, en su último estertor”, al decir del imaginativo escritor Mendoza Pantión–, mientras que a la derecha se alinean unas modestas casas lamidas por la risueña acequia del Caicena y arrulladas por el río.

Tan pintoresco camino conduce entre cipreses al antiguo Molino de Fuente Ribera, recuperado como sede del ejemplar museo Histórico y Arqueológico de Almedinilla, “un paseo por el tiempo”, como reza el eslogan, que en sus salas del Aceite, de la Cultura Ibérica, de la Cultura Romana y de la Naturaleza compendia el esplendoroso pasado de la villa. Es su estrella un mutilado bronce de Hypnos –dios griego del sueño, hijo de Nobe, la noche, y hermano gemelo de Tánatos, la muerte–, procedente de la villa romana de El Ruedo, un lujo arqueológico que se complementa con imaginativas ofertas de comidas romanas. El viejo molino, que data de principios del siglo XX, es en sí mismo un valioso testimonio de arqueología industrial, pues molió trigo, generó electricidad, fabricó rústicos tejidos a partir de la gayomba y fabricó aceite. Antes de la llegada del agua corriente a las casas, hasta el manantial de Fuente Ribera subían las lavanderas.

Al final del sendero llegamos al Paraje de la Ribera, lugar donde se ubica el Museo Arqueológico. Este lugar, resume la relación que esta localidad ha tenido y sigue teniendo con el río Caicena. Desde aquí parten las acequias que riegan las fértiles huertas del término municipal, también se encuentra el principal manantial que abastece de agua potable a la población, aquí se levantaron los lavaderos públicos, y gracias a la torre de piedra que se puede contemplar en el exterior, desde la que se precitaba el agua, hacía girar las ruedas del molino harinero de “torre” o “cubo”, al tiempo que se generaba electricidad allá por los años 20 del siglo pasado.

