Este 10 de mayo, a las 11:00 de la mañana, la urbanización junto al Campo de Fútbol de Almedinilla se llenó de risas, zapatillas diminutas y corazones inmensos. La carrera de ALMA, dedicada a los más pequeños, se convirtió en una auténtica fiesta del deporte, la convivencia y la ilusión compartida.
Bajo un cielo generoso y con música animando cada instante, las categorías de benjamines, chupetines y primeros pasos se lanzaron a recorrer un circuito que no medía distancias, sino sonrisas.
Fue una mañana de esas que dejan huella, en la que las metas no eran cronómetros ni podios, sino abrazos y aplausos para todos. Porque en la carrera de ALMA no hubo perdedores: todos los participantes cruzaron la meta con una medalla colgada al cuello, como testimonio de su esfuerzo, su alegría y su valentía por atreverse a correr, jugar y compartir.
Las familias acompañaron la jornada con entusiasmo, creando un ambiente cálido y cercano que solo se da cuando el deporte se convierte en excusa para tejer comunidad. Los más pequeños, algunos dando sus primeros pasos en una carrera, otros con la energía desbordante de los benjamines, demostraron que el verdadero espíritu de la competición es la diversión y la amistad.
Entre música, aplausos y la emoción de los primeros dorsales, Almedinilla vivió una jornada que, más allá de la actividad deportiva, dejó claro que el alma de un pueblo late con más fuerza cuando se cuida a su gente más joven. Porque esas pequeñas zancadas son, en realidad, los grandes pasos hacia un futuro lleno de vida.





