Detrás de cada escuela hay historias, vocaciones y personas que han dedicado su vida a educar con pasión. En el CEIP Rodríguez Vega, esa historia también tiene nombre propio: Francisca, “la seño Paqui” para generaciones de alumnos que han pasado por sus aulas. Tras más de tres décadas vinculada a la enseñanza, su recorrido está marcado por la ilusión de quien descubrió desde muy pequeña que educar no es solo enseñar contenidos, sino acompañar, cuidar y querer a quienes aprenden.
Hoy, al frente de la dirección del centro, su mirada sigue siendo la misma que la impulsó a convertirse en maestra: la de alguien que cree profundamente en el poder de la educación, en los valores que se transmiten en el día a día de la escuela y en la felicidad de los niños como verdadero motor del aprendizaje. En esta entrevista, Francisca comparte recuerdos, aprendizajes y sueños que reflejan una trayectoria construida con dedicación, cariño y un firme compromiso con su comunidad educativa.
A través de sus palabras, descubrimos no solo a una directora, sino a una maestra que entiende la escuela como un hogar, un lugar donde cada gesto, cada historia y cada sonrisa contribuyen a formar el alma de un colegio que, para ella y para muchos, es “el mejor colegio del mundo”.
1. Francisca, ¿recuerdas el momento en que decidiste dedicar tu vida a la educación? ¿Qué chispa se encendió entonces que te ha acompañado hasta hoy?
Desde pequeña, exactamente con 7 años, cuando cursaba 2º de Educación Primaria, tuve una maestra muy especial para mí, se llamaba Doña Filo Rodríguez de Córdoba, y este era su último curso escolar, antes de jubilarse. Ella era una persona muy cariñosa y religiosa. Con sus manos arrugadas, escribía en la pizarra oraciones a la Virgen, su letra era una verdadera obra de arte, un auténtico cuadro que cada día borraba y volvía a pintar, cuadros que eran oraciones …, nuestra tarea, copiarlos. Yo notaba en esta maestra algo distinto, y era simplemente, que, además de enseñarnos a leer y escribir, a sumar y restar…nos quería mucho, y, eso me hizo enamorarme de esta profesión.
Sabemos que la educación (en cualquier ámbito, familiar, escolar, social…) está ligada a la corrección… y, ciertamente, ella también nos corregía, pero con mucho amor. Me fascinaba pensar que una persona que no era de mi familia, hiciera lo mismo que mis padres: educarme, corregirme y quererme…, como el orden de los productos, es este caso, importa, mejor dicho, quererme, educarme y corregirme…y esto es maravilloso, esto es lo que me enamoró de mi trabajo, pienso que es lo que todo buen docente hace, sobre todo querer mucho a sus “niños”, lo demás, viene de la mano, o, no importa tanto.
Dedicar tu vida educar a los más pequeños de tu familia, de tu pueblo …, y hacerlo con amor… esto no tiene precio…
Millones de veces he terminado mi jornada laboral, y he pensado… ¡Qué feliz soy! ¡Y encima me pagan! Jijiji
Ahora se me viene a la mente septiembre de 1991, mi padre me acompañó orgulloso a matricularme en 1º de magisterio, en julio de 1992, el famoso año de la EXPO de Sevilla, él, seguro sonrió desde el cielo al ver mis notas de la universidad, esta imagen tristemente imaginada, y las lágrimas emocionadas de mi madre, junto al apoyo incondicional de mi marido y mis hermanos, hicieron que yo luchara incansablemente para conseguir mi sueño de ser maestra… mientras, entre apuntes y trabajos, intentaba abrazar a mi hijo para convencerlo de que, yo me encerrara en mi habitación a estudiar, en vez de llevarlo al parque de “Los Teletabis”, y eso era lo mejor, aunque mi Rafalillo no lo entendiera, pues era muy pequeño… (si bien es verdad, que tuvo la suerte de contar con unos titos adolescentes que, lo entretenían, y una abuela que lo paseaba en el carro de la compra, cada mañana, camino del mercado).
Es que los que más me querían confiaban en mí, y, yo no podía defraudarlos… no podía hacerlo, no quería hacerlo…
2. A lo largo de tu trayectoria, seguro que has vivido etapas muy distintas. ¿Qué experiencia temprana como docente crees que marcó tu manera de entender la enseñanza?
En septiembre de 2025, cumplí 30 años de maestra (de las 53 primaveras que Dios me regala el 8 de marzo de 2026).
Y en estos años, sí, ciertamente he vivido distintas etapas. Mientras escribo estas líneas, me emociono al pensar en esos años, de juventud, rebeldía e inexperiencia, en los que aprendí tanto… mucho más que enseñé, sin duda.
Cuando terminé de estudiar en Córdoba, volví orgullosa a mi pueblo, deseosa de gastar mi fuerza, mis ganas y mi tiempo a los “Arminilleros” más pequeños, así que me presenté a Don Enrique y le dije que quería ser catequista.
De catequista, a la seño de “Reli” (aunque el título de “catequista”, lo sigo teniendo, y a mucho orgullo, porque, es lo más bonito que pienso se puede hacer, hablar de Dios, y, encima de forma gratuita), fue un abrir y cerrar de ojos, tan solo un año.
En septiembre de 1995, y con mi hija en mis entrañas, y mi hijo de la mano, atravesé la puerta del arco del colegio como maestra… ¡En mi colegio! ¡El que me vio crecer! ¡Donde aprendí a leer y escribir! … el colegio que hoy “observa”, silencioso, mis canas, mis arrugas, mis aciertos y desaciertos… mi cole, mi segundo hogar.
Sin duda, 12 maravillosos años, en los que aprendí tanto… ser maestra de religión es lo que me ha marcado mi manera de entender la enseñanza, porque, es un área en el que se habla de amor, de valores; no te atrapa con papeleo innecesario, ni con burocracia… en estos maravillosos años, yo era dueña de mis clases, de mis programaciones, de mi tiempo que dedicar a mis “niños” y a mi “cole”.
En estos años yo no tenía jornada laboral completa, pues, mi colegio es pequeño, pero, esto era genial… ¿quedarme en mi casa ciertas horas del día para hacer las labores del hogar? ¡No! Eso era aburrido, mejor dedicar ese tiempo a mi colegio…de forma gratuita, pero con más valor que una nómina, porque, lo que menos importa es lo material. En mis horas “libres” de docencia y sueldo, ordenaba la biblioteca, catalogaba libros, organizaba las fiestas de navidad y fin de curso, con mi amiga Analu… (ahora me entendéis…mucho mejor que quedarme en casa, jijiji).
Sonrío ahora con nostalgia esos años en los que trabajaba codo a codo con los que, pocos años antes fueron mis maestros: José Vicente Jiménez, Vicente García, Jesús Arroyo, Conchi Díaz, Loli Berni, Rafa Cañadas, José Francisco Cantero, y, mi gran amiga Analu.
Analu, llegó a mi vida para quedarse, ella marcó mi manera de entender la enseñanza con su frase “No te preocupes, que al final, todo sale”. Ella me dio valor, cuando yo sólo era maestra de religión… (el mejor título para mí, pero, no para todo el mundo) pero, título que mis compañeros, y también amigos, me ayudaron a proteger, como algo sagrado, porque, me quieren, y saben que para mí es importante… y eso, vale millones.
3. Después de tantos años formando parte del mundo educativo, ¿qué te motivó a dar el paso hacia la dirección del CEIP Rodríguez Vega?
Tener la oportunidad de dirigir el colegio en el que, has sido alumna, maestra en prácticas, el colegio donde, lo que más quiero, mis hijos, han crecido; colegio donde he trabajado 30 años de docente… es impensable, un verdadero regalo.
Me duele cada teja rota, cada gotera, cada envase que ensucia el patio, y sí, esto es material, y me importa, pero…es de ley resaltar que mi mayor motivación, son mis 200 niños y niñas.
Dirigir un centro con la meta puesta en que cada día, esas 200 “personitas” se levanten, con esa energía que los caracteriza…cuando son felices de verdad; verlos correr y escribir, leer y saltar, soñar, crear, jugar… pero, sobre todo, verlos en cada momento, sonreír…
Y mirarlos, a las 2 o 3 de la tarde, p.m., dibujando una sonrisa mientras cuentan a voces, a sus familias, las más emocionantes aventuras vividas (un día cualquiera del calendario), a la vez que les dan un beso acompañado de un fuerte abrazo de bienvenida, eso no tiene precio.
Quizás esta es la principal motivación, pero, el paso hacia la dirección… tiene más que contar…no sé, se me ocurre ahora una metáfora, entre mi motivación para decidir ser directora, con un barco.
Y, ¿por qué?
Porque veo a tanta buena gente a mi lado, en este viaje… de esos que son “canela en rama” ( como decimos en la “Arminilla”): un marido y unos hijos, que son lo que más quiero, que, siempre me dan el “empujón” que necesito, una familia en la que apoyarme en cada decisión que tomo, los que me hacen agarrarme fuerte al timón para que “la dirección vaya derecha”, unos amigos que me dan ese necesario cariño, cuando la tempestad se acerca ( aquí podría nombrar a algunos… pero me lo reservo por cuestiones personales), un equipo directivo (que ciertamente son quienes hacen que la dirección del barco vaya bien y en línea recta), pienso en Antonio García, el director del colegio, con el que tantas aventuras viví y de las que tanto aprendí, junto a mi Jefe, José Antonio, ahora y siempre agradecida, y de nuevo junto él ( el mejor jefe que podría tener) y la mano de mi “Anika” de la que nunca me soltaré. Navego con compañeros, que siempre están conmigo, unos fijos en el barco, otros suben y/o bajan, pero todos deben saber, que sin su cariño, humanidad, profesionalidad y entereza, las sonrisas de mis “niños”, de nuestros “niños”, no serían ciertas.
Pero, sobre todo, cuento con un destino claro, un puerto soñado: que nuestros niños y niñas sean felices, responsables, educados, soñadores, amables, creativos, buena gente, buenos compañeros y amigos… mientras aprenden a construirse su futuro, en nuestro colegio, “El mejor colegio del mundo”.
4. Llevas un año como directora. Si miras atrás, ¿qué ha significado para ti este primer año al frente del centro, tanto a nivel profesional como personal?
Cuando pasas los 50, o mucho antes, el tiempo pasa “volando”, y ahora que reflexiono sobre esto, lo pienso y valoro; miro atrás, y me centro en el último año y, siendo sincera, pasó en un “abrir y cerrar de ojos”.
Si me centro en mis sentimientos en este año atrás, diría que emocionada, entusiasta, quizás más intensa de la cuenta (de las horas que le dedico a mi trabajo buena cuenta saben y tienen mis contactos más cercanos).
Ha sido un año lleno de preciosas y nuevas experiencias, cargado de aprendizajes, aunque a veces tengo la sensación de no estar a la altura… pero, se me pasa al momento, y me “autoestimo” sabiendo que, si en algo fallo, es por inexperiencia o prisas, no por mi dedicación.
Me reconforta conocerme y ser feliz dedicando mi tiempo a lo que me gusta, que en definitiva es la labor docente, y desde hace un año, labor docente con el apellido “directora”.
5. Cada escuela tiene alma propia. ¿Cómo describirías el alma del CEIP Rodríguez Vega y qué parte de ti sientes que ya forma parte de ella?
El alma de cada centro educativo, como el de cada empresa o grupo social es esa fuerza invisible que hace que trabajes de forma incansable para alcanzar una meta, su finalidad, su razón de ser.
En argot docente, hablamos mucho de objetivos, pero, realmente, pienso que cada persona, a nivel individual, familiar, social, y como parte del mundo, tiene que tener claros sus objetivos, o lo que es lo mismo, su meta o su alma.
Al final, el alma es lo más importante que tenemos, no se ve pero, como diría el autor francés Antoine de Saint-Exupéry «Lo esencial es invisible a los ojos» .
Ciertamente, el alma que describe a mi colegio es hacer felices a nuestro alumnado.
6. En tu camino, seguro que ha habido momentos de aprendizaje profundo. ¿Podrías compartir algún reto que te haya transformado y te haya hecho crecer como líder educativa?
Esta pregunta, con tu permiso y de quienes lean esta entrevista, la voy a ”tunear”, porque los docentes sabemos que cada momento es fuente de aprendizaje.
Me gusta el adjetivo profundo, si, ciertamente son aprendizajes profundos cuando observas a dos niños compartiendo, por ejemplo, su mayor “tesoro” (que puede ser un rotulador nuevo o un trozo de chocolatina del desayuno), aprendemos cuando vemos a los pequeños perdonarse y pedirse perdón, en lo que dura un recreo, aprendemos cuando se alegran del triunfo de sus amigos, cuando se rebelan para defender las reglas del juego ( porque, es importante cumplir las normas), aprendemos cuando valoran algo tan valioso y sencillo a la vez como es la amistad verdadera.
Mi reto, el que cada día me transforma y me hace crecer es “hacerme como ellos”. ¡Son los mejores!
7. ¿Qué valores intentas transmitir cada día a tu equipo docente y al alumnado, y qué valores dirías que ellos te han enseñado a ti?
“Cadena de favores” es el título de una película que ahora se me pasa por la cabeza y me hace responder a esta pregunta.
Podría enumerarte tantos términos sobre valores, pero, en primer lugar, no sería creativa, y además sería aburrido y no acorde con lo que ahora pienso.
Mejor contestar así: cadena de favores.
Al final se trata de eso, debemos aprender de los más pequeños de la sociedad… ¡son tantos los valores que nos enseñan! La cadena de favores retorna, porque aprendemos de ellos, y ellos de nosotros.
Al fin y al cabo, es tan fácil o tan difícil como aprender y enseñar.
Aprender de los niños y niñas, a veces gritan, exigen, suplican y nos necesitan (estemos atentos, porque son mágicos y lo pueden hacer de forma silenciosa, debemos aprender de su mirada, de sus gestos o de su sonrisa forzada).
Enseñar algo tan sencillo como aplicar “las normas del juego”, esas normas que las familias, docentes y sociedad en general tenemos bien sabidas, pero, nuestros niños y niñas confían y necesitan que las marquemos.
8. Cuando piensas en todos los estudiantes que han pasado por tus aulas y pasillos, ¿hay alguna historia que guardes con especial cariño y que te recuerde por qué elegiste esta profesión?
Me gusta cuando tantos jóvenes vecinos, de más de 40 años, me saludan y me llaman, “Seño Paqui”, y que me tarareen la canción de entrada que, cuando eran niños, cada día cantábamos: “Llegó la seño de religión, y contará cosas bonitas, bellas historias, llenas de amor, que cada día alegrarán tu corazón. Chim – póm”
El hecho de ser maestra de un pequeño pueblo, durante tantos años, me ha permitido (y aún me ocurre), que siga viviendo momentos en los que antiguos alumnos me saludan con mucho cariño.
Son tantos que hay muchas veces que olvido sus nombres, cuando me cuentan alguna experiencia que yo no recuerdo, me emociono, me voy años atrás, reconozco su mirada adolescente y sonrío emocionada.
Hace unos meses tuve la oportunidad de escuchar a toda una mujercita, exalumna, decirme que recordaba cómo yo la protegí de unas burlas de sus compañeros (adolescentes), podríamos pensar, que no es nada especial, y ciertamente es así, es de “cajón” hacerlo, pero, esa noche, antes de dormir reflexioné sobre la importancia de los gestos simples, sobre ver la mirada de los que más nos necesitan, aun sin darnos cuenta…
9. Como directora, ¿cuál es el sueño o visión que te gustaría que el CEIP Rodríguez Vega alcanzara en los próximos años?
Soy muy soñadora y entusiasta, pero, a la vez, me conformo con cosas sencillas.
Llevamos años nombrando a nuestro cole como “El mejor colegio del mundo”, y lo es, porque lo conforman gran potencial humano a nivel de docentes, familias, vecinos, ayuntamiento … toda la comunidad educativa hace que este título sea una realidad.
Mi sueño es que nuestro colegio siga siendo el mejor colegio del mundo.
Mi sueño es que los niños y niñas de Almedinilla vengan cada día felices a su colegio, y se marchen cargados de preciosas experiencias que les hagan desear volver al día siguiente.
Además, los que me conocen saben que el espacio es muy importante para mí, me da paz que cada cosa esté en su lugar, que los recursos sean útiles y atractivos.
Intento aprovechar momentos y ayudas para colocar, decorar, mover, quitar … de manera que cada lugar sea acogedor, que el mejor colegio del mundo tenga los mejores recursos y sea también el más bonito.
10. Y mirando hacia el futuro, ¿qué te gustaría que quienes trabajan contigo, tus estudiantes y sus familias recordaran de ti cuando piensen en tu paso por la dirección del centro?
Me gustaría luchar para que nunca se perdiera la identidad de nuestro centro: el empeño por trabajar la lectura y la escritura creativa (evidenciado en nuestro certamen escolar Julio Forcada), nuestro tradicional salmorejo casero, y tantas actividades que llevamos haciendo en estos últimos años, y, que han llegado para quedarse. Me empeñaré, no para que me recuerden a mí, sino para que no se pierda la identidad del Centro.
Además, me gustaría algo tan sencillo como que me sigan llamando “La seño Paqui”, sería muy “guay”, me conformo con eso tan sencillo y grande a la vez, es un gran título.


Un Comentario
José Francisco Cantero Caballero
De casualidad, me he encontrado con esta entrevista que la revista Fuentezuela te ha dedicado merecidamente.
¡Enhorabuena! Y gracias por acordarte de mí y todos los demás. Un fuerte abrazo.
José Francisco Cantero