A veces el teatro logra lo que pocas cosas en el mundo consiguen: juntar generaciones, arrancar sonrisas puras y, de paso, recordarnos las verdades más esenciales de la vida. Ayer, con un lleno total en el Teatro de la Casa de la Cultura de Almedinilla, la obra «El pelotón, tón, tón» consiguió justo eso — una velada que nos dejó el corazón desbordado de ternura y esperanza.
Bajo la dirección sensible y hábil de Manuel Márquez, un grupo de niñas y niños de entre 5 y 14 años se adueñó del escenario y, más aún, de nuestras almas. Mario Adame, Inma Ariza, Alicia Barranco, David Montes, Eider Martínez, María Burgos, Miriam Ariza, Sofía Holt, Paula Aguilera y Daniela Malagón no solo interpretaron personajes: nos regalaron una lección de humanidad. Entre carcajadas contagiosas, transmitieron con desarmante naturalidad un mensaje que ojalá nunca olvidemos: la paz se construye desde la risa, nunca desde el conflicto.
La producción de Teatrados rozó la perfección. Cada detalle —desde la iluminación y el sonido precisos de Sergio Cruz, hasta el vestuario vibrante y la escenografía creativa de Clara Cid— tejía un universo que nos envolvía y nos hacía viajar con ellos. Se notaba el mimo, la dedicación y el respeto por el arte escénico en cada gesto, en cada transición, en cada silencio compartido.
Fue más que una obra. Fue un broche de oro para un fin de semana de teatro que nos recordó la importancia de espacios como el taller de teatro Teatrados, que no solo forman actores, sino ciudadanos sensibles, comprometidos y creativos. Ojalá esta semilla siga dando frutos temporada tras temporada, porque lo que vivimos este fin de semana fue, sin duda, un éxito rotundo y un regalo para Almedinilla.
Cuando caía el telón, no solo aplaudíamos la función: aplaudíamos un futuro donde, gracias a ellos, la risa siempre le gane la partida a la guerra.





