Sara Cruz Sicilia
Lo que soy, soy y con ello aprendo a caminar. A vivir.
Hago lo mejor que puedo y sé para poder sobrevivir.
El camino a veces se tuerce. Incluso se retuerce. Y yo lo hago con él.
Mi cuerpo también lo hace porque mi cuerpo también soy yo.
Un día miro hacia dentro y veo el caos. No sé qué hacer. Me paralizo.
Otro día corro, salto, grito, canto. Pido ayuda si lo necesito.
Porque necesitar ayuda no es signo de debilidad,
mas sí un rasgo de humanidad.
No necesito juicios. Sí, acompañamiento.
Alguien que me escuche y toque desde el corazón.
Alguien que me acompañe sin temor.
Alguien cuyas manos y voz se fundan con el sentir de cada parte de mí
y que a través del tacto, de la mirada, de la palabra o del silencio,
me permita reencontrar a quien perdí.
¿El camino sigue estando ahí o lo creo yo con cada paso que doy?
Qué más da… mi opción es optar por caminar. Por vivir.
Por permitirme parar para sentir. Para sentirme.
Por parar si así lo siento y recuperar el aliento.
Sí. Aquí estoy, aquí siento, aquí vivo, aquí soy.
