Previo a la teatralización de la leyenda, un colorido pasacalles, con batucada incluida y desfile de varias asociaciones representando a los 4 elementos de la Naturaleza, invocaba a la Tierra, Aire, Agua y Fuego.
Manuel Carrillo Castillo
Este pequeño municipio de la Subbética cordobesa, con motivo de sus fiestas patronales de San Juan Bautista, ha vuelto a reunir a más de un millar de vecinos de Almedinilla y de localidades de las provincias limítrofes de Jaén, Granada y Córdoba, la noche del 23 de junio, para contemplar el pasacalles de “Los Dácalos” por las calles del pueblo e invocación a los cuatro elementos de la Naturaleza Tierra, Aire, Agua y Fuego y la representación de la leyenda de «La Encantá».

Antes de la representación, los asistentes pudieron disfrutar de alumbra especial compuesto de velas y colocado en las calles Iglesia, Río, Cuatro Caños, Ramón y Cajal, Llana y Médico Almagro.

La ausencia de agua del río Caicena, debido a los pozos de agua legales e ilegales y a los efectos del cambio climático, no ha sido óbice para que la representación se llevara a cabo con menos espectacularidad que otros años aunque, en esta ocasión, comenzó con un juego de luces y música espectacular que trasladó al numeroso público a momentos de grandes películas. También hubo pequeños cambios en el pasacalles afectando solo al Fuego que fue trasladado a la plataforma de la calle Cerrillo y el Aire que pasó a la intersección de las calles Río y Ronda de Andalucía.

La representación de La Encantá gira en torno a una leyenda de amores imposibles con final trágico que se remonta a la época en que en la Bética árabe el amor entre una mora y un cristiano era imposible. La bella joven bajaba al río a lavar diariamente, y en una ocasión se encontró con un joven cristiano que quedó prendado de ella. tras este encuentro iniciaron un romance que no pudieron mantener en secreto, ya que los hermanos de ella los descubrieron y dieron muerte a él. Una vez que ella encontró el cadáver, se escapó para vivir el resto de sus días en una cueva cercana.

Desde que sucediera tal hecho, los lugareños comentan que cada noche de San Juan se ve a la joven bajando hasta la orilla del río, de aguas ruidosas y frescas, con la esperanza de encontrarse con su amado.


