El pasillo de los 2º de Bachillerato desprende un olor a café manido, a horas de insomnio y a incesantes charlas en corrillo rotas por alguna risa nerviosa o una lágrima que aflora salir de unos ojos cansados por agotamiento. Estamos en la recta final de una etapa que abrirá las puertas a otra aún incierta, porque todo depende de esa nota media que salga como producto de un año intenso, y unas pruebas de acceso a la universidad que este año se presentan con más misterio que en cursos anteriores. Y escuchas decir eso de que “a veces todo depende de una maldita décima, así están las cosas»; o «entras en el grado deseado o no».
Los que hemos tenido la suerte de poder formarnos en la universidad hemos pasado por ahí, pero echando la vista atrás veo como las generaciones que vienen lo hacen desde una insensatez mayor que la que yo viví en mi época. Recuerdo los nervios. Recuerdo incluso algún que otro llanto, pero ahora todo se magnifica: los nervios pasan a ser ataques de ansiedad y ese llanto roto parece llenar mares de desconsuelo. Y yo me pregunto: ¿qué ha cambiado tanto para que esta tendencia a la aflicción sea cada vez mayor?
Estudios científicos afirman que la influencia de las nuevas tecnologías y su uso están “friendo” cerebros porque la inmediatez de la respuesta impera a la madurez y resistencia en la búsqueda de soluciones. Y esto por no hablar de la frustración entre nuestros jóvenes, cada vez más frecuente y en edades más tempranas. Expertos neurocientíficos aseguran que la frustración solo se combate desde la paciencia y la calma. Y vuelvo a preguntarme: ¿educan las familias para trabajar la frustración de sus vástagos?
Volviendo al tema principal, el mes de mayo, un mes en el que el campo parece recobrar vida después de un invierno desolado, es el mes crucial para nuestros estudiantes de 2º de Bachillerato que, quizá, en lugar de ver tallos que germinan vean espinas que hieren. Y tal vez, algunos y algunas, han procrastinado en sus tareas y ahora el tiempo puede ir en su contra. ¿Qué toca ahora? Pues hacer como el salmón que, incesante, no deja de nadar contra la corriente. Así pues, ánimo.
Y me surge una cuestión: ¿existe la suerte o las oportunidades? Los estudiantes se dicen unos a otros “suerte” y sí, la suerte es una buena aliada si va acompañada de un estudio en conciencia del temario, de una atención a esas clases explicativas y de un interés por aprender independientemente del deseo fervoroso de obtener una buena nota. ¿Y qué de aprovechar una oportunidad? En los tiempos en los que nos movemos, el profesorado no cesa de ofrecer oportunidades para subir nota: que si repetir un examen escrito, hacer algún trabajo extra o unos ejercicios de ampliación… todo suma, nada resta.
Y después de la PAU… ¿qué? Pues habrá que sentarse con la nota media en las manos y escudriñar a qué universidades se podrá optar, mirando concienzudamente la nota de corte y, por favor, que no falte una décima para entrar.
Mis mejores deseos para esos estudiantes que ya huelen a universitarios.
Encarni Muñoz Serrano

