El labriego por antonomasia fue San Isidro.
Pero fue un un labriego mozárabe (de origen bereber: norteafricano) del siglo XI, nacido en el Mayrit (Madrid) musulmán. Hoy sería tratado por algunos como un «sin papeles» de origen no «español» (como si lo español fuera tener un origen cristalino y no una mezcla continua, de la que hay que estar orgullosos porque es la esencia de la hispanidad).
Así de sinsentido tienen algunos.
Isidro trabajaba y contribuía (incluso con milagros como la fuente, los bueyes o el caldero) lo que le hacía más de aquí que cualquier vago o cualquiera que se llevara los pimientos de la huerta a Andorra (para no pagar impuestos).
En este caso hay datos. La excavación y exhumación de su cuerpo (https://www.ucm.es/resultados-informe-forense-san-isidro-labrador) realizado por expertos de la Universidad Complutense de Madrid, reveló que murió entre los 35 y 45 años, era corpulento, realizaba trabajos manuales pesados y tenía rasgos de origen afrodescendiente.
Cuando le ofrezcamos las rosquillas, a él y a su mujer Maria Toribia, acordémonos de esto.

