Si algo ocurre en la Semana Santa son los reencuentros. Los olores y sabores que te devuelven a la infancia, esa verdadera patria; los colores y los perfiles que te vuelven a dibujar; los sonidos y los silencios que te susurran otra vez.
Las casualidades de la vida nos llevó a un encuentro fortuito en unas jornadas sobre museos. Carles García Hermosilla, entonces director del Museu del Ter (Manlleu-Barcelona), se acercó para decirme que su madre era de Almedinilla y que había ido en alguna ocasión. Carles reciente director del Museu d´Historia de Barcelona (https://www.barcelona.cat/infobarcelona/es/el-museoleg-carles-garcia-hermosilla-nomenat-director-del-muhba_1422299.html) ha estado esta Semana Santa en Almedinilla con su madre Dolores….y toda la familia. Un regalo que su madre ha vivido con la intensidad que las raigambres tejen.
Dolores Hermosilla y Almedinilla.
Dolores Hermosilla Campaña nació el 5 de septiembre de 1945 viviendo su familia en Almedinilla, en el cortijo de los Vicentones o “Enjundiero”, justo enfrente del Cerro de la Cruz. Sus padres, Dolores Campaña Gómez y Carlos Hermosilla Villena, eran naturales de Priego de Córdoba. Desde allí se habían trasladado al cortijo por motivos de salud de su hija mayor, María, necesitada según los médicos de un cambio de aires. Llegaron a los Vicentones gracias a una hermana de Dolores Campaña: Mercedes, casada en Almedinilla con Miguel Aparicio, que estaba en aquel momento a cargo del cortijo.
Allí transcurrieron los primeros años de Dolores, la cuarta de cinco hermanos: Rafa, María, Mercedes, Dolores y Sacramento. Desde allí las más pequeñas iban al colegio a Brácana,y a Almedinilla, por caminos que ahora no sabría recordar. Cada día bajaban a comprar y a encontrarse con las amigas. ¿Cuánto tardaban? No lo recuerda, el tiempo no se contaba como ahora.
Cuando Dolores tenía unos ocho años, la familia, con María ya completamente recuperada de sus problemas de salud, decidió trasladarse a vivir al pueblo y compraron una casa en la calle Calvario. En Almedinilla fue a la escuela de la señorita Filo hasta los 15 años. Le gustaba estudiar, pero no pudo continuar, así que aprendió el oficio de peluquera con su hermana María que tenía puesta una peluquería enfrente del arco de la calle Molinos y después en la calle Calvario. Cuando María, ya casada, se marchó de Almedinilla, Dolores se quedó con la peluquería en la calle Calvario.
Con los años los hermanos de Dolores fueron marchando de Almedinilla con destino a Cataluña. Su padre Carlos también pasaba largas temporadas trabajando allí cuando escaseaba más el trabajo en el pueblo. Finalmente quedaron solas Dolores y su madre en Almedinilla, así que ellas también decidieron marchar. Dolores tenía 21 años.
El destino fue Tárrega, en la provincia de Lérida, donde ya vivían sus hermanas María y Sacramento. Allí, al piso que compartía con sus padres, trasladó su peluquería. En Tárrega se casó con Lorenzo García, con quien tubo un hijo, Carlos, y dos hijas, Núria y Carmen. Nunca dejó su oficio de peluquera, en el que se jubiló, y que compaginó con la educación de sus hijos.
En septiembre del año pasado Dolores cumplió 80 años y sus 3 hijos, su yerno, su nuera y sus 7 nietos le regalaron un viaje en familia a Almedinilla. Estos días han sido días de recuerdos de la vida en el cortijo y en el pueblo, de anécdotas, de visitas a la familia, de recuperación de las antiguas amistades en compañía de sus hijos y nietos, especialmente contentos de poder conocer el pueblo en el que nació y creció su abuela.
Nacho Muñiz.




