- Después de un tiempo en Cadaqués, ¿qué os hizo decidir volver a Almedinilla con Southgarden?
La verdad es que siempre habíamos tenido en mente volver y retomar el proyecto, pero cuando nos fuimos, no teníamos una fecha definida ni un plan de acción. La Costa Brava, y en concreto Cadaqués, sufre los efectos de la gentrificación y la turistificación desmedida, lo cual influye en el acceso a la vivienda y el precio de los alquileres. Incluso para los propios vecinos del pueblo, plantearse un proyecto de vida es cada vez más difícil. En nuestro caso, la decisión de volver siempre estuvo clara, por lo que estos factores solo la agilizaron.
- ¿Qué significa para vosotros trabajar en vuestro propio pueblo y crear espacios que conecten con la comunidad?
Nos consideramos privilegiados. Como dicen los Sanguijuelas del Guadiana «suerte la tuya de poder vivir donde naces». Para nosotros es una forma de aportar valor al pueblo a través de nuestro oficio. Tener zonas verdes cuidadas y pensadas con detalle invitan más a vivirlas y a disfrutarlas.

- ¿Cómo ha influido la experiencia en Cadaqués en la manera en que planteáis los proyectos de Southgarden aquí?
Sobre todo en dos aspectos principales: Por una parte, la organización de los trabajos y el enfoque a la hora de ejecutarlos, y por otra, un amplio aprendizaje acerca del paisajismo contemporáneo y como adaptarlo al proyecto de cada cliente o espacio público, abordando cada trabajo con un enfoque sostenible, que pone en valor las especies autóctonas.

- Cada proyecto tiene su propia esencia. ¿Qué buscáis transmitir a través de vuestro trabajo?
Que un buen jardín eleva cualquier espacio.
- ¿Hay algún momento vivido fuera que haya cambiado vuestra forma de ver el diseño de jardines o espacios verdes?
Sobre todo la visita a ciudades y pueblos en los que el verde es protagonista y se le da el espacio que necesita; árboles cuyas raíces respiran, masas de plantas que no compiten entre ellas sino que se complementan, así como la asistencia a congresos y charlas en las que hemos aprendido que esta profesión está muy lejos de ser estática; requiere mantenerse actualizados, investigar y estar siempre abiertos a aprender de otros profesionales del sector (viveristas, arboristas, paisajistas, maestros jardineros…)
- ¿Qué sensación os da ver cómo un espacio que habéis cuidado cobra vida y se transforma con vuestra intervención?
Es una experiencia muy gratificante; por describirlo de alguna forma, es como si pintaras un cuadro y pudieras entrar en él. Llegar a un lugar, estudiarlo, visualizar su evolución y ver cómo la naturaleza lo va convirtiendo poco a poco en lo que habías imaginado es muy bonito. Por otra parte, estamos hablando de una obra viva; según su mantenimiento, cómo se trate y cómo se habite cada jardín, la respuesta que este dará es muy diferente. En este sentido hay experiencias muy positivas y otras que no lo son tanto, como cuando ves una «obra» abandonada.
- ¿Qué retos especiales tiene trabajar en Almedinilla y cómo los afrontáis desde Southgarden?
La verdad es que por la situación que tiene Almedinilla en el mapa, más que un reto nos parece una buenísima sede para cubrir un amplio rango de lugares en los que poder ofrecer nuestros servicios: Córdoba, Málaga, Jaén, Granada… están relativamente «cerca». Si hay un reto como tal, es conseguir poner en valor este sector que tanto se subestima, como algo prescindible.

- Para vosotros, ¿qué papel juega la jardinería en la vida de las personas y en la comunidad local?
Bienestar, calma, abundancia… Lo más primitivo de nuestra mente asocia el verde con estos conceptos. Hay un libro muy interesante que invitamos a todos los que lean esta entrevista a leer de la psiquiatra Sue Stuart-Smith titulado «La mente bien ajardinada», en el que habla sobre cómo la jardinería y la agricultura tienen un efecto sanador a nivel psicológico, social y cultural.
Incluso leyendo un resumen, creemos que su obra responde mucho mejor que nosotros a esta pregunta.
- ¿Qué parte del trabajo os llena más de satisfacción a nivel creativo y personal?
Ensuciarse las manos, estar en contacto con la tierra, que la pausa en el trabajo signifique escuchar los pájaros. Incluso cuando tenemos trabajos más sacrificados como recoger nuestras cosechas de aceituna o trabajar bajo el sol, es un placer poder disfrutar de los elementos.
- Mirando hacia el futuro, ¿qué proyectos o sueños os gustaría desarrollar con Southgarden en Almedinilla y más allá?
Tener nuestro propio centro de jardinería – vivero, con especies autóctonas y variedades locales, para hacer jardines más sostenibles e integrados con el entorno natural en el que nos encontramos, que nos parece un paraíso y que, por eso mismo, nos ha llamado de vuelta.


