El reciente episodio violento que hemos vivido en nuestro pueblo no puede hacernos mirar para otro lado. Sino que nos debe animar a abordar ciertas realidades sin miedo y con esperanza. Pero desde un análisis claro y sin tapujos.
1.- Acontecimientos tristes donde se pierde la vida, voluntaria o involuntariamente …, siempre han existido y siempre existirán. Pero no podemos interpretarlos como simples hechos aislados, sino que tienen una repercusión colectiva que denota tensiones sociales.
⁃ Personas que deciden quitarse la vida por no saber gestionar bien la soledad, o por falta de vínculos comunitarios o sociales, paro, crisis económica, e incluso la impotencia ante una excesiva modernización y cambios tecnológicos.
⁃ Así como cuando alguien decide quitarle la vida a otro es síntoma de cierta inadaptación o problemática que afecta al orden de la convivencia y donde la violencia aparece como una inadecuada solución.
En los pueblos pequeños hay ciertos acontecimientos que no son privados porque todos nos conocemos. Y ello puede generar miedo, rumores, o señalamientos que nunca son buenos.
Creo que todo esto puede estar indicando un debilitamiento de la calidad relacional en las familias, entre los vecinos y el distanciamiento claro de la realidad espiritual. Una crisis del sentido colectivo porque cada uno va a lo suyo y pasamos de los demás. O también una expresión de desigualdades o conflictos que se tienden a ocultar pero que no se acaban de resolver.
2.- Todo ello lo agrava una sociedad actual que tiende a normalizar el vicio. Y los vicios son siempre malos y ayudan, negativamente, a estas cuestiones. Porque cuando la droga, el alcohol, el juego, la prostitucion,( por ejemplo), están por medio, aumentan todos estos problemas.
3.- Pero no podemos perder de vista otro factor importante: las enfermedades o trastornos mentales que padecen personas que, o no están diagnosticadas, o de estarlo, en el ámbito rural lo viven como una vergüenza que no siempre pueden soportar.
4.- Hasta hace poco, en los pueblos pequeños, la Fe, la Parroquia, solían funcionar como espacio de encuentro y de apoyo. Pero cuando nos asaltan ciertas situaciones, percibimos, entre otras cosas, una quiebra de la función de nuestra comunidad y una crisis espiritual colectiva. Y se empieza así: se pierde el ambiente espiritual, las instituciones religiosas pierden referencialidad esperanzadora,….Es decir: que cuanto más nos alejamos de Dios y de lo espiritual, más espacio cedemos al mal y al Maligno.
5.- Además: cuando ciertas acciones se llevan a cabo por alguien que no está en sus cabales, nos encontramos con dos tipos de dolor distintos: el de los que pierden al ser querido de forma violenta; y la complejidad de aceptar que el responsable no tenía plena conciencia. Porque aunque la enfermedad mental, es un atenuante, no minimiza la gravedad de la pérdida.
6.- En cualquier caso, ciertos episodios violentos son siempre una tragedia que no tiene explicación, y por lo que deberíamos acompañar a la familias para una reconstrucción positiva.
Y soy consciente que el asunto del perdón en estos casos…, no resulta fácil.
7.- Religiosamente, sólo podemos hablar de la esperanza en Dios, de la justicia divina y de su misericordia para todos, y de la paz y vida eterna que sólo Dios puede darnos. Aunque este lenguaje suene a chino-japonés para muchos. Es normal. Pero no debemos descartarlo, cristianamente hablando.
8.- Esta situación va a necesitar de mucho tiempo, porque en todos aflora cierta rabia, tristeza y duelo.
9.- Por eso sigo pensando que lo más importante es acompañar a las familias en la rutina diaria más que refrescar con el recuerdo permanente el dolor sufrido, Recordar a la persona fallecida con cariño y mantener viva su memoria de manera sana y equilibrada. Y desde la Parroquia nos brindamos a la ayuda necesaria.
10.- No olvidemos tampoco a las familias de los que cometen un delito influenciados por una enfermedad mental, porque van a vivir de por vida, desde la culpa, la vergüenza, el miedo al rechazo y, a veces, también de duelo porque conocían al vecino, víctima de su familiar.
No podemos reducirlos a: la familia del culpable; forman parte del duelo del pueblo. También ellos están atravesando un dolor profundo, aunque distinto. Porque la enfermedad mental no es la identidad total de ninguna persona. Existen ciertas acciones horribles que son producto de un trastorno o enajenación mental, que no necesariamente son el fruto de una maldad intrínseca.
Esa familia va a cargar con la vergüenza social de por vida, aunque no sea culpa de la propia familia, porque jamás la familia puede controlar en todo a todos sus miembros.
Ellos también van a sufrir una pérdida grande: en la vida normal de cada día; la de la imagen manchada por su familiar; y muchas veces, la del contacto con él mismo, porque no sabemos si irá a prisión o a un hospital psiquiátrico.
No podemos comparar los dolores, y por eso no le restamos importancia al dolor de la familia de la víctima.
11.- Como párroco os pido a todos que reflexionemos en tres direcciones:
⁃ La venganza no soluciona nada.
⁃ Qué sociedad estamos creando cuando la despojamos de la dimensión espiritual que afecta al comportamiento social.
⁃ Cristo, el Señor, y su santa Madre son los únicos que pueden poner esa paz que nadie puede darnos.
David Ortiz – Sacerdote de la Parroquia San Juan Bautista

