En Almedinilla, los libros abrieron sus alas y volaron libres durante una semana entera, dejando a su paso historias, sonrisas y mucha imaginación. La Semana del Libro, promovida con cariño por el AMPA Caicena y la Asociación Alma, y con la inestimable colaboración de la Biblioteca de Almedinilla, convirtió cada rincón en un pequeño universo de fantasía.
Todo comenzó con un taller de marcapáginas, donde pequeños y grandes se sumergieron en el arte de crear con sus propias manos. Tijeras, colores y papeles decorados fueron las herramientas para fabricar esos pequeños tesoros que acompañan las lecturas como fieles guardianes de página.

Pero lo más esperado llegó con los cuentacuentos de Ana Chica Gutiérrez, que tejió la magia palabra a palabra, haciendo soñar a todos los asistentes.
El primer cuento fue «La cebra Camila», de Marisa Núñez y Óscar Villán. Una historia delicada y emotiva sobre la pérdida y la solidaridad, que dejó huella en los más pequeños y una sonrisa en los mayores.
Después, nos trasladamos a la orilla de un río con la historia «¿Por qué hay tantas piedras en el fondo de los ríos?», contada de forma especial con un kamishibai, ese arte japonés ancestral que une imágenes y narración desde el siglo XII. Con el sonido de las hojas deslizándose y la voz de Ana llenando el aire, todos viajamos al corazón de la tradición oral japonesa.

El tercer cuento, «El increíble barco del Capitán Marco», de Alicia Acosta, trajo una ola de aventuras marinas. Con viento en las velas y espíritu soñador, los niños se embarcaron en una travesía fantástica junto a un capitán muy peculiar, que demostró que lo verdaderamente increíble es soñar sin límites.

Y aún queda broche final para esta semana de ensueño: el viernes 25 de abril llegará el esperado Rompecuentos, una actividad donde las historias se desmontan, se reinventan y se vuelven a armar de formas inesperadas. Porque a veces, jugar con los cuentos es otra forma de quererlos.
La Semana del Libro en Almedinilla no ha sido solo una celebración de la lectura: ha sido una fiesta de emociones, creatividad y comunidad. Gracias a todos los que la han hecho posible, por recordarnos que los cuentos no tienen edad… y que leer juntos es una forma de querernos un poco más.

