El pasado fin de semana, del 29 de noviembre al 1 de diciembre, he tenido la satisfacción y el privilegio de participar como delegado de la militancia
cordobesa en el 41º Congreso del PSOE, que se celebraba en Sevilla, junto
con casi un centenar de militantes cordobeses que hemos procurado aportar y significar nuestro compromiso político y social.
Desde su constitución en 1879, hace ya más de 145 años, cada uno de los
congresos del partido socialista ha tenido sin lugar a dudas una especial
relevancia para, como se aprobaba en 1888 en Barcelona, la emancipación de la clase obrera y para el avance permanente en los derechos sociales. Pero, a poco que analicemos la realidad política y social de nuestro país y del mundo, podremos valorar que vivimos momentos históricos que convierten este Congreso Socialista en un cónclave de gran responsabilidad política.
En nuestro país se da una inexplicable paradoja. Por una parte, después de
superar una crisis sanitaria sin precedentes en un tiempo récord, nos
encontramos con unos datos en creación de empleo, en control de la inflación, en solvencia energética, al mismo tiempo que de avances en derechos sociales de recuperación de las pensiones y de la bolsa de la Seguridad Social, de incremento del salario mínimo y de las prestaciones sociales…, que convierten a España en la referencia del crecimiento económico y social dentro de la Unión Europea. Una evolución que, por cierto, el líder de la oposición no podía dar crédito cuando se lanzaba cada dos meses en una ridícula premonición de caos y de debacle. Sin embargo, y, por otro lado y en este ambiente de hostigamiento, desde la derecha y la ultraderecha se provoca la mayor tensión política que jamás se haya conocido con la orquestación de los medios de comunicación y el poder judicial contra el gobierno envueltos en bulos y mentiras, que está provocando un clima social y político realmente preocupante como no recordamos, desde el punto de vista de la calidad democrática de nuestro país.
Por esta razón, el Congreso del Partido Socialista, en este contexto de ataque
mediático permanente, exigía llevarlo a cabo con un grado de responsabilidad y con un compromiso político definitivo. Era necesario visualizar la unidad de la militancia. Y, justamente, la primera conclusión a la que se ha llegado en este 41 Congreso ha sido que los socialistas y las socialistas estamos unidos para afrontar la gran amenaza que existe en este momento en nuestro país, en Europa y en el mundo como es el avance de la derecha extrema y la ultraderecha que está suponiendo un riesgo real de retroceso en todos los derechos conquistados en las últimas décadas con tanto esfuerzo.
Pero, al mismo tiempo, hemos confirmado sin fisuras a Pedro Sánchez como
Secretario General del Partido Socialista y lo hemos reconocido como un
Presidente referente de la socialdemocracia a nivel mundial y baluarte de los avances sociales en el siglo XXI. Porque, sin duda alguna, todo el mundo
progresista considera a Pedro Sánchez como el líder capaz de plantar batalla y de frenar a la ultraderecha.
Y, por último, ha sido un espacio imprescindible para la reflexión y el debate sobre los problemas reales que debemos afrontar y que exigen una respuesta en nuestra sociedad. La vivienda, la educación, la sanidad, el feminismo y las políticas sociales, la emigración, el cambio climático, la financiación autonómica o la paz en el mundo han sido ejes del debate de ideas y los temas sobre las propuestas que se han consensuado. Y en este sentido, visto el desarrollo del Congreso y oídas también las respuestas de la derecha, está claro que ha servido para demostrar una vez más que el PSOE es el único partido capaz de dar respuesta a los problemas actuales de nuestro país, que tiene proyecto de país y que plantea propuestas para seguir avanzando.
Francisco Pulido



