Rafael Fernández López
Al pie de la sierra de Viscantar se encuentra la vieja arquería de Las Sileras, posiblemente la pedanía más alejada de Priego en el tiempo que tratamos. Los orígenes de la misma hasta la presente no se han averiguado, tal vez sea de época tardo-romana o medieval, siendo los primeros vestigios que se encuentran de la población de dos minas que aprovechaban las surgencias de agua del lugar, las cuales están catalogadas:
Por el Museo Histórico de Almedinilla como Mina de Agua 1 de Sileras y, aunque de más longitud, es similar a la existente en la misma aldea (en la calle Iglesia) catalogada como Mina de Agua 2 de Sileras…La mina de agua en cuestión es la típica galería subterránea (a 1,5 metros de la superficie) de 1,60 metros de altura y medio metro de anchura (con sección en medio punto) y una longitud de 35 metros que horada la roca natural de travertino («tosca») hasta encontrar la surgencia y conducirla a través de la propia galería hacía el exterior[1].
El origen de las galerías drenantes o qanat tienen su origen en el Cáucaso y en el Próximo Oriente, ya que la primera referencia de esta técnica de captación de agua data del 714 antes de Cristo, según el relato de la campaña del rey asirio Sargón II contra el rey de Ursa I de Urartu (Persia)[2].

Los romanos primero y después los árabes fueran los transmisores de este técnica por todos sus dominios, de la cual dan testimonio las decenas de galerías drenantes existentes en todo el sureste español, aunque muchas de ellas se construyeron en el siglo XVIII, como es el caso de Complutum, de las 8 galería drenantes, qanat o minas existentes en la hoy Alcalá de Henares dos son de época medieval (La del Chorrillo o del palacio episcopal, y la de la Mina o Canto Blanco) mientras que las mayor parte de ellas se construyeron en el siglo XVIII (La del Ángel o convento de los Gilitos; la de los franciscanos de San Diego; la de Villamalea; la de las carmelitas de la Imagen y las de los carmelitas de San Cirilo, mientras que la del El Sueño se construyó en 1934).
Posiblemente las galerías drenantes o minas del término de Priego se comenzaron a construir después del 745, fecha en que un contingente de soldados egipcios se asentaron en Bago (Priego)[3].
Estos egipcios se establecerían en toda la comarca, en torno a las muchas surgencias o afloramientos de agua para convertir las tierras próximas a las mimas en feraces huertas según los usos y costumbres de las tierras regadas por el Nilo, y tal vez fueron los que abrieron las minas existentes en torno a Almedinilla (Carafuentes, Los Castillejos, Fuente del Piojo, Fuente Ribera, El Ruedo, El Melero) o las dos de Las Sileras [4].
A finales del XVIII Las Sileras debía de ser una aldea próspera, sus vecinos se dedicaban al laboreo de las tierras de pan llevar, y a la cría y trata del ganado porcino (esta última actividad la han mantenido hasta hace unas décadas) aprovechando los pastos y la montanera de los terrenos incultos y de la sierra. La población contó en su día con un molino de trigo, otro de aceite, y horno de pan.
Además del aprovechamiento del agua de sus dos minas, utilizadas para el regadío, cuyas aguas eran repartidas por el alcalde pedáneo, dicho repartimiento no debió de causar conflictos algunos ya que los mismos si los hubo nunca fueron tratados en el concejo. Este repartimiento se mantuvo hasta las últimas décadas del siglo pasado, perdiéndose tan peculiar y vieja costumbre sin que quede documentación alguna de dichos repartimientos.
Las inquietudes y prosperidad de aquellos vecinos, hicieron que se unieran y solicitaran del Concejo de Priego en 1780 un pedazo del ejido para levantar su iglesia, la cual han mantenido de su peculio particular todos los vecinos hasta el día de la fecha.

Asistimos ahora a la construcción de la primera fuente y lavadero que a finales del siglo XVIII construyeron los vecinos, en el desagüe de una de sus minas, la cual se encontraba en la cabecera del llamado paseo, y que con el visto bueno del ayuntamiento de turno de la Almedinilla fue destruida y con su eliminación desapareció un vestigio histórico de la población.
Juan José Cano de Sandoval, labrador, vecino de esta villa y alcalde pedáneo de la población de Las Sileras de Viscantar de su término (por estar en las faldas de la sierra de ese nombre y cuyo nombre debía de recuperar integro la población ) se dirigió al Concejo de Priego exponiéndole:
Que con inmediación a la ermita de referida aldea hay un hermoso nacimiento de agua que sirve para el consumo de aquellos moradores, ya en su alimento, ya para el ganado de todas las especies, ya para el riego de los huertos, y ya finalmente para lavar las ropas, el cual por estar sumamente descompuesto y abandonado, se suele hacer por referido ganado especialmente por el de cerda, varios atolladeros, enturbiándose el agua que ha de beberse y recogiendo esta la inmundicia de sus cuerpos, de modo que no solo se está sufriendo en ello, el más grave perjuicio a aquel común, sino también el que por cuidar algunos moradores el aseo y limpieza de dicho nacimiento se ofrezcan entre otros, algunas disputas y desazones.

Deseando el exponente se obvien los referidos daños y contribuir por su parte, a que se observe por aquellos vecinos la paz y buena armonía que corresponde a la felicidad de los mismos, con este motivo ocurre a la justificación de vuestra señoría suplicando, que como tan interesante es la tranquilidad pública se sirva decretar que por su cuenta y por el diputado de obras públicas de esta villa, se satisfaga el salario de un oficial y un peón que se ocupen todo el tiempo que necesiten para la fábrica de un estanque o fuente, para el uso de los vecinos y ganado, y otro para el lavadero, pues desde luego el que habla con los demás pudientes de dicha aldea, se ofrecen a sufrir el costo de la piedra, su conducción, yeso, cal, piedras y demás materiales, y a dar para superar las dietas de dichos albañiles hasta 400 reales, siendo dé cuenta de Vs. la cantidad que falte para satisfacer dichos peones todo el tiempo que ocupen dicha fábrica, y también lo que se invierta en cortar la piedra tosca en lo que recibirá meced y justicia que pide.
En el cabildo del 19 de septiembre se acordó que se informase sobre dicho pedimento.[5]

El concejo no dejó constancia en el libro de actas de lo acordado. Pero la fuente y lavadero se construyó, en el sitio indicado.
En la década de los 50 del siglo pasado un poco más abajo del paseo se construyó un lavadero y una fuente que se surtía de dicha agua, unos años más tarde se eliminó la fuente y lavadero del siglo XVIII, perdiéndose en parte la memoria de dicha mina, la cual nuevamente salió a la luz con ocasión de unas obras que cortaron su discurrir en junio del 2018 y fueron paralizadas por el Seprona.
Hoy los veneros que surtían de agua a los vecinos y regaban sus fértiles huertas han dejado de manar, no por la sequía, sino por los pozos legales e ilegales que se han abierto para el riego de los olivares, o la manipulación de su contadores, el agua un bien público que ha abastecido a sus fuentes centenarias le ha sido birlada a todos los vecinos de Las Sileras, por otros vecinos sin escrúpulos y con el visto bueno de la confederación del Guadalquivir y el ayuntamiento de Almedinilla, que opta por hacer la vista gorda y desentenderse del asunto, cuando es el responsable de mantener este bien público para el suministro de los vecinos, como ha estado durante siglos y este documento lo atestigua.
Notas pie de página
[1] Ecomuseo del Río Caicena. La Mina de Agua 1 de Sileras… Disponible en: http://www.ecomuseoriocaicena.es › 2018/06 › la-mina-… visitado última vez 8/11/2020.
[2] Hermosilla Pla J. e Iranzo García E. Las galerías drenantes del sureste de la península ibérica. Uso tradicional del agua y sostenibilidad en el Mediterráneo español. Departamento de Geografía. Universidad de Valencia. Ministerio de Medio Ambiente 2006, página13.
[3] Peláez del Rosal M. y Quintanilla Raso M. C. Priego en la Edad Media. Salamanca 1977, página 35.
[4] Ignoro si todas ellas han sido declaradas como Bienes de Interés Cultural que por ley le corresponde.
[5] AHMP. Legajo 297. Concejo del 18 de septiembre de 1799.
