ALMEDINILLA es uno de los cinco pueblos que Diario CÓRDOBA ha publicitado y del que hoy nos hacemos eco.
Ángel Robles/El Día de CÓRDOBA
Puede que no sean los más monumentales ni los más conocidos, pero tienen ese algo que atrapa y que los convierte en destinos turísticos únicos a los que regresar. Almedinilla, Cabra, Cañete de las Torres, Fuente Obejuna e Iznájar son los únicos cinco municipios cordobeses que forman parte de la Red de Pueblos Mágicos de España, una entidad que busca destinos «vivos», con características propias que los hacen singulares y de los que «emana una magia especial». Descubrimos por qué.

ALMEDINILLA: ARQUEOLOGÍA Y NATURALEZA
En Almedinilla, de 2.370 habitantes, en plena Subbética, el blanco de sus casas se confunde con la roca de su sierra y el verde de sus viejos olivares. Aunque hablar de Almedinilla es, sobre todo, hablar de arqueología, cultura y patrimonio, tal y como lo hacen sus importantes yacimientos arqueológicos: la villa romana de El Ruedo; el poblado íbero del Cerro de la Cruz, uno de los pocos de Baja Época Ibérica excavados en Andalucía, y su Museo Histórico-Arqueológico, donde reina la escultura del dios grecorromano del sueño: Hypnos o Somnus, cuyo estado lo convierte en la más importante de las pocas conservadas en el mundo y ante la que es obligatorio detenerse unos minutos para dejarse llevar.
La oficina de turismo ofrece visitas guiadas muy interesantes y packs que pueden reservarse en el teléfono 957 70 33 17. Aunque no todo es arqueología.
El municipio, enclavado en un lugar de fresco verdor, es punto de partida de varias rutas de senderismo muy recomendables, como la que llega a la cascada conocida como el salto del Caballo, en el río Caicena, situada a 45 minutos del casco urbano y que es apta para toda la familia.
También resulta obligatorio subir al mirador del Pingorote, desde donde se obtienen las mejores vistas del casco urbano, arracimado en este accidentado rincón de la Subbética -un consejo: al atardecer, se captan momentos realmente bonitos, como el que muestra la imagen principal de este reportaje-.
De vuelta al pueblo, hay que visitar la torre del reloj, antaño entrada al mercado de abastos y ahora centro neurálgico del vecindario y, sobre todo, dejarse llevar para descubrir rincones con encanto como la iglesia de San Juan, las fuentes del león y de la ranas, la zona de huertas, los miradores sobre el río Almedinilla o la calle del Molino, con su gran casa-arco donde es posible alojarse.
El momento más mágico del año para descubrir Almedinilla tal vez sea durante el festival Festum, en agosto, cuando la localidad al completo revive su esplendoroso pasado romano con pasacalles, coloquios, actividades culturales y un mercado donde se mezcla lo académico con el ocio. Aunque, para su tamaño, Almedinilla cuenta con una agenda cultural envidiable durante todo el año que abarca desde el arte contemporáneo hasta la historia antigua.
La Taberna de Baco, Los Cabañas o La Bodega son buenos sitios para descubrir la gastronomía local.

