Una fiesta religiosa relacionada con la luz y con un profundo trasfondo pagano.
Manuel Carrillo Castillo
Ayer miércoles 2 de febrero volvía celebrarse la festividad de la Candelaria en Almedinilla, después del obligado parón derivado de la situación sanitaria de la pandemia del Covid-19.

Los canastos con las rocas adornadas de ramas de romero y roscos enlustrados y las tradicionales candelas por determinados rincones del pueblo y aldeas volvieron a fluir junto a las reuniones de vecinos en torno a las candelas, siendo la organizada por el Ayuntamiento en el Paseo Alameda la más espectacular y la que reunía más gente ávida de divertirse y olvidar por unas horas las dificultades y entuertos que conlleva una pandemia con seis olas hasta el momento.
Así pues, volvieron los actos religiosos de bendición de roscas, los cantes y bailes de candelaria; la degustación de un tapeo de jamón, queso y chorizo acompañados de un refresco o cerveza; y las conversaciones y recuerdos de pequeños, jóvenes y mayores en torno al calor de los rescoldos de las hogueras.

Al estar relacionada con la luz y ser una fiesta religiosa, está relacionada con la purificación de la Virgen tras el parto y la presentación de Jesús en el templo.
Como muchas fiestas religiosas también tiene un trasfondo pagano heredado de una costumbre romana conocida como las Parentalia en las que se hacían procesiones con velas con un una finalidad funeraria y expiatoria. Los agricultores guardaban los restos de las candelas para ahuyentar a los malos espíritus y pedir que no hubiera temporales para proteger la cosecha.

También está referenciada esta fiesta en el refranero español con varias expresiones como «el día de la Candelaria está el invierno fuera, pero si no ha nevado y quiere nevar, invierno por comenzar»

