Mari Carmen Ariza
Querida amiga: ¡Hace tanto que no te cuento nada!. Han pasado mucho años, pero en ninguno de ellos he dejado ni un solo día, de acordarme de ti. Mirándome al espejo veo como en estos 30 años me he hecho una mujer de mediana edad, y puedo imaginarte cómo estarías tú a día de hoy.
No dejo de recordar nuestras escapadas en bicicleta al Cerro de la Cruz y Las Llanás. Y, cuando tu tío Pepe se enfadaba con nosotras y nos decía: «Hoy os van a poner en el comedor sobreúsa de habas con jamón y sin agua», ¡ jajaja!, cómo nos reíamos sin importarnos nada. Las Navidades en casa de tu abuelo Juan y toda la familia, la paz que transmitía tú abuela Carolina, los retorcidos que hacía tú madre para Semana Santa y las cerezas tan ricas de la huerta. ¡Cómo te echo de menos! Y cuándo nos parábamos en la tienda de «Fito» para ver las portadas de las revistas.
Corría el año 1979 y ya comenzaban a salir las primeras mujeres Policía o Guardia Civil en las portadas. Tú siempre decías: – YO ALGÚN DÍA SERÉ UNA DE ELLAS. Y lo conseguiste con todo tu esfuerzo e ilusión. No sabes, cómo te admiraba por tener tan claro lo que querías.
Pero, el puñetero destino no dejó que pudieras disfrutar tu sueño el tiempo que te merecías. Aún recuerdo el último día que te vi. Era un sábado a las 7:00h de la mañana. Tú estabas regulando el tráfico de la Plaza de Abastos de Priego, (vestida con tu uniforme de Policía Municipal y tan guapa como siempre) para los que montaban el mercadillo y yo iba en el coche para mí trabajo. Nos saludamos, hablamos un ratito y nos despedimos para quedar otro día. Por desgracia eso ya nunca pasó.
Sabes…que estuve mucho tiempo sin poder ver una foto tuya. Era tal el dolor que sentía… que se hacía insoportable el día a día. Dicen que el tiempo lo cura todo, y yo digo que no es verdad, el dolor nunca pasa a la pérdida de alguien tan querido. Te he echado tanto de menos durante estos años…, ha sido tanta la falta de una amiga cómplice, de una amiga confidente, de una amiga fiestera, de una amiga paño de lágrimas… etc. Si nuestra adolescencia fue bonita, la juventud y mayoría de edad fue genial. Recuerdo tanto esos pedazos de tacones que te ponías y yo te decía: – ¿Cómo puedes andar con eso?. Qué sepas, que nunca conseguí andar con esos tacones.
Te voy a contar un poco los miedos que ahora me asaltan. Tengo dos hijas de 10 años, ellas te conocen por todo lo que les he contado de ti y saben que eres muy importante para mí. Llegó el año 2000, el siglo XXI y muchos decían que era el fin de mundo. No pasó nada, era evidente. Pero es verdad que sufrimos mucho con los ataques terroristas. Después de pasar décadas con ETA, nos llegó «Al Qaeda». Tanto unos ataques cómo otros, da lo mismo quién los perpetrase, los sufrimos con mucho dolor, desconcierto y con indignación.
También vinieron otros ataques… ¡los machistas!, que sufren las niñas, adolescentes, jóvenes, adultas, en fin… ¡las mujeres! Es como si cada golpe que dan, lo sufriéramos todas nosotras. Cada pérdida de una de ellas es cómo si fueran parte de nosotras.
Y la tecnología, nos ha traído miles de aplicaciones para descargar en nuestros teléfonos móviles, muchas redes sociales, las/os «influencer» con sus «like», y los mensajes que pueden destrozarte la vida. Por un mensaje quedan para pegarse y otros lo graban para colgarlo en las redes, y así conseguir el número más grande de visitas. Por eso te cuento el miedo que tengo por mis hijas, el mundo está corrupto, no imaginas un futuro de respeto, compañerismo, amistad que antes había.
Y ya para terminar, nos vino el virus la Covid-19, una pandemia mundial y el planeta se paró. Se acabaron los besos, los abrazos, las visitas. Nos confinaron en casa, y comenzamos a hablarnos entre los balcones, a conocernos entre vecinos, a ser más humildes. Ya, después de un año, tenemos vacunas y parece ser que veremos el fin de esto.
Bueno, amiga, ya ha llegado el momento de despedirme hasta otra carta. Siempre supiste que te quería mucho, que eras mi amiga y eso nunca lo olvido. Dicen que la distancia es el olvido, pero eso mientras viva nunca pasará
Sin más que contarte, recibe los besos y abrazos que en este tiempo no te he dado.
Tu amiga Mari Carmen.

