Soledad Serrano Ariza (*)
El suicidio es una realidad presente en nuestra sociedad, forma parte del ser humano y, sin embargo, continúa siendo un tema tabú. Esto hace más difícil tanto la prevención como la intervención, al tiempo que dificulta la ayuda que desde diferentes sectores pudiera darse.
La Organización Mundial de la Salud lo define como un “acto con resultado letal, deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto sabiendo o esperando su resultado letal”. Según el Instituto Nacional de Estadística, se registra una media de 10 fallecimientos al día por suicidio en España (primera causa de muerte externa).

Centrándonos en el contexto educativo, por desgracia los casos de suicidio, autolesiones o ideaciones suicidas en adolescentes no dejan de aumentar, razón por la cual se ha abierto un debate y una reflexión en los últimos años. El profesorado necesita una mayor información y formación al respecto. Los docentes no somos personal sanitario, pero somos un eslabón fundamental entre el alumnado y sus familias y los diferentes servicios que el Sistema Andaluz de Salud nos ofrece.
Desde MAIS y desde el Centro de Formación del Profesorado de Priego-Montilla apostamos por la prevención desde los centros educativos, pero para ello hay que ayudar a los claustros a ser conscientes de esta posibilidad y facilitarles recursos para evitar casos y para poder acompañar en el duelo.
Desde el Equipo Técnico Provincial de Orientación Educativa y Profesional (ETPOEP), a nivel provincial, se está trabajando también para abordar de manera más efectiva esta problemática. Se trata de crear sinergias y caminar en un mismo sentido para ayudar a la población en general, y en el caso de la Educación, a todo el alumnado y sus familias, para conseguir que estas cifras demoledoras que nos llegan año tras año vayan bajando. Se ha elaborado un plan de actuación para los centros educativos de nuestra provincia, con el objetivo de ayudar a los/las docentes a actuar de manera efectiva, no solamente en los casos de suicidio o intento, sino también para saber cómo actuar en prevención, detectar ideación, aprender a ver “señales”, alertar a familias y saber cuándo y cómo contactar con los Centros de Salud.
Un aspecto muy importante en el entorno educativo es el tratamiento del duelo en casos de suicidio o de cualquier pérdida traumática. Somos una sociedad que vive de espaldas a la muerte, no nos gusta hablar de ella, pero la muerte forma parte de la vida y tal vez hablar de ella de una forma más natural, pueda ayudar a afrontar situaciones dolorosas y etapas de duelo que haya que superar. En estas situaciones la labor del profesorado es fundamental. Acompañar a las personas en esta fase, no es fácil, pero puede ser de vital importancia. A nivel provincial se ha diseñado una actividad formativa para el profesorado que ofrece herramientas e ideas para la intervención en los centros ante situaciones de duelo. En esta formación se proponen estrategias para desarrollar habilidades básicas de comunicación, de gestión emocional, se presentan supuestos prácticos, al mismo tiempo que se muestra un protocolo de actuación. Es evidente la necesidad de contar con profesionales especializados, no obstante, unas nociones básicas para todo el profesorado también pueden ser de gran ayuda.
La prevención es igual o más importante y SÍ es un tema que se puede tratar en las aulas de manera transversal y no sólo en momentos puntuales. La educación emocional está cada vez más presente en nuestros centros, nos ayuda a aprender a conocernos, a controlar emociones y a expresarlas.
El antes y el después de un suceso trágico afecta a nuestro alumnado y desde los centros podemos ayudarles a gestionar sus emociones. Cuando ocurre una pérdida trágica también hay que pensar en “los que nos quedamos”. Un trabajo arduo también para asimilar, perdonar, comprender o aceptar.
Lo cierto es que con frecuencia se escucha “no hay que hablar de ello, que se dan ideas”. Pero esto no deja de ser un mito, no existen evidencias a cerca de esta afirmación. Hay que hablar, pero de manera adecuada para combatir el llamado “efecto Werther” (imitación de las conductas suicidas) y potenciar el “efecto Papageno” (efecto preventivo). Este efecto puede lograrse abordando la información de manera respetuosa y con suficiente cuidado, con empatía. Ofreciendo información y comprensión, se puede conseguir ese impacto positivo, se puede cambiar de opinión y alejar la idea de autolisis. Dado el estigma existente alrededor del suicidio, la mayoría de las personas con ideas suicidas no saben con quién hablar y, sin embargo, tener la oportunidad de hablar abiertamente de este problema puede dar otras opciones a estas personas que están sufriendo.
Los/las profesionales de Salud son las personas realmente preparadas para tratar estos temas, pero los centros educativos pueden facilitar espacios de información, sensibilización, concienciación y comprensión, abordando así la prevención de conductas suicidas y, en los casos consumados, ayudar y acompañar en el desconsuelo. La educación por su parte puede también ayudar a aliviar este problema, aportando recursos para la prevención y para el acompañamiento en etapas de duelo.
Posiblemente la mayoría hemos conocido algún caso y no hemos alcanzado a comprender el porqué. Y es que no, no se suicidó porque fuera valiente, ni cobarde, ni egoísta, ni débil, ni por llamar la atención, se suicidó porque era un ser humano que sufría. Una mayor sensibilización e información sobre este problema puede ser clave para ayudar desde las aulas a mejorar la situación actual.
(*) Asesora de Formación del CEP Priego-Montilla

