José Manuel Muñoz Serrano
Esta mañana me he despertado tarareando “Quién me ha robado el mes de abril / Cómo pudo sucederme a mí”, mientras buceaba entre la madeja de publicaciones diarias para recibir en la mejilla la cotidiana bofetada de realidad. Los versos se me atoraron y enseguida quedé patidifuso. El virus con corona, la estrella mediática del informativo de turno volvía a hacer sus nuevas entradillas periodísticas. Mi atención se paseó por las palabras de un titular: “Madrid solo ha utilizado 18000 de los 300000 test rápidos que recibió” (https://cadenaser.com/emisora/2020/04/23/radio_madrid/1587629763_046665.html)
Un simple clic me despliega la noticia y yo, que estaba tan feliz porque las librerías anuncian su reapertura y los lectores podrán acudir a ellas bajo cita previa, como cuando vas al médico (cada loco con su tema, qué se le va a hacer) me quito las legañas y pienso: vamos a ver, ¿qué es lo que está pasando por estos lares, que los mismos políticos que insisten hasta el hartazgo con la cantinela de que se apliquen test masivos a la población no lo están cumpliendo pese a tenerlos, pero que echan nuevamente balones fuera eludiendo responsabilidades? ¿Qué es lo que pretenden, esperar a que haya nuevos brotes de contagio y continuar erre que erre culpando al Gobierno por su gestión de la crisis sanitaria? A ver si alguien me explica lo que está sucediendo, porque me pierdo al seguir la trama de esta rocambolesca película distópica.
Sin embargo, hago un esfuerzo por retomar el hilo, y recuerdo otros artículos recientes que me ayudan a comprender la situación como este, por ejemplo, del que copio un extracto: “Nuevos casos de mascarillas defectuosas importadas de China. Esta vez, de dos autonomías. La Junta de Andalucía y la Comunidad de Madrid tienen que retirar lotes de material no apto para el uso de los profesionales sanitarios, después de que dos informes del Ministerio de Trabajo (…) hayan certificado que las mascarillas «no cumplen» los requisitos mínimos. Aún no se han cuantificado, pero en los hospitales aseguran que son «al menos» decenas de miles.” (https://www.elmundo.es/espana/2020/04/29/5ea99ba1fc6c83f4028b45e1.html)
Al parecer, cómo no, la autocrítica brilla por su ausencia y, en su lugar, ante la incoherencia y contrariedad de los que se jactaban de criticar las medidas adoptadas, “ay qué ver, comprando material defectuoso, qué dónde se ha visto eso, vaya pandilla de incompetentes y tararí tarará tararirorá”, se guarda silencio sepulcral, permitiendo únicamente que fluya del refranero el certero “Consejos vendo que para mí no tengo”. Ya lo dijo William Shakespeare: “El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras”.
A uno se le quitan las ganas de cantar, porque el que canta su mal espanta. Y ahora qué… Porque de una cosa sí estoy seguro: ¿qué padres no quieren lo mejor para sus hijos? Si los que más queremos están pasándolo mal, ¿no se nos ocurre ayudarlos? ¿Y qué se hace para ayudarlos, remover Roma con Santiago si es preciso? Pues bien, en una epidemia hay que actuar con rapidez y contundencia, sin perder tiempo, y si nos encontramos con lotes defectuosos de material, rápidamente se devuelven y se buscan otros. Al carecer de producción propia, por desgracia dependemos de terceros, de intermediadores, de China, en definitiva, para qué tanto circunloquio.
Con todo lo que está aconteciendo la ciudadanía reclama unidad: la necedad no puede hacerse hueco en unos tiempos tan raros como los que estamos viviendo, en los que los partidos de la oposición se centran en imponer política y más política en pos de arañar votos en las urnas.En vista de cómo están las cosas, recurro al optimismo y me enfrasco en mi recorrido vintage por la música. Continúo tarareando “Mi querida España / Esta España mía / Esta España nuestra” de nuestra adorable Cecilia. Ya habrá otros momentos para retomar la letra de la canción de Sabina, que no me apetece destrozarla, porque inconscientemente la estoy cambiando al entonarla: “Quién nos ha robado la sensatez…”.
