Raúl Córdoba
Hoy no he podido ir a despedirte. Aunque los dos sabemos que los formalismos entre nosotros no son necesarios.

Fuiste testigo de mis correrías juveniles, el «hermano mayor» de la «cofradía de mi quinta». Un millón de vivencias en La Era. Viajes encubiertos. La Expo. Reinosa. L’Estartit,… Las bañadas veraniegas nocturnas en Cabrera o en la cascada de la Veguilla, las acampadas en la Rubia. Las tapas en San Eloy. Aquellas noches infinitas de jarras y cartas en el mesón, junto a Mari y tu Paqui… Testigo fuiste hasta de mis amores y desamores. Pero si algo marcó nuestro camino fue #LaUniónDeAlmedinilla. Una asociación fruto del desencuentro y que pese a las zancadillas sacamos adelante con ilusión, coraje y mucho esfuerzo. Momentos difíciles en los que fuiste el faro guía. No olvidaré jamás tu cara el día que estrenamos el uniforme, el día que fuimos capaces de tocar una marcha «sevillana» o la primera vez que aparecimos en el cartel de un festival….
Pese a tu eterno silencio, las notas de tu corneta seguirán acompañándonos. No tengas dudas, seguirás estando al pie del cañón en cada salida de tu Nazareno y de tu Virgen. Tocarás «atención» y ahí estará La Unión.
Que la tierra te sea leve, compañero.
