La noche del pasado Sábado Santo, Almedinilla vivió uno de esos eventos que se graban en la memoria colectiva con la intensidad del cante jondo. El Rincón del Acebuche, rincón ya mítico para los amantes de la cultura en la localidad, se convirtió en un templo flamenco, gracias a la organización y saber hacer de la Peña Flamenca de Almedinilla.
La protagonista del cartel fue la cantaora jerezana Kina Méndez, heredera de una estirpe flamenca poderosa, que puso alma, quejío y compás a una tarde que comenzó con expectación y terminó en ovación cerrada. Acompañada por el toque impecable y sentido de Luis Medina, guitarrista de talento sereno y mano firme, el dúo ofreció un espectáculo que navegó desde los ecos más hondos del flamenco tradicional hasta el pellizco contemporáneo que emociona sin artificios.
El repertorio, variado y sentido, incluyó soleás que estremecieron, bulerías cargadas de sabor a Cádiz y tangos con sabor a tierra adentro. Kina, generosa sobre el escenario, se vació en cada cante, arrancando olés espontáneos del público, que no quiso perder detalle de una actuación que fue, más que un concierto, una ceremonia.
Y como en toda buena noche flamenca, no podía faltar el broche festivo. El fin de fiesta lo pusieron amantes del flamenco como Javi Panaero, quien está detrás desviviéndose en cada uno de estos eventos, y Paco el de La Ula, almedinillense de pura cepa y gran aficionado al flamenco, que no dudó en subir al escenario para compartir su arte entre compases, palmas y ese orgullo de tierra que solo los que aman el flamenco desde dentro saben transmitir.
Fue, sin duda, una tarde-noche para el recuerdo. Porque en Almedinilla, cuando el arte y la pasión se dan la mano, el duende se hace presente. Y el pasado sábado, El Rincón del Acebuche fue su casa.

