En Almedinilla (Córdoba), 14 de febrero de 2025.
Reunidos el jurado del XI Certamen Literario «Universo de cartas de amor y/o desamor» organizado por la Biblioteca Municipal y la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almedinilla, se hace constar la siguiente relación de tres obras premiadas y su autoría, en el siguiente
FALLO:
PRIMER PREMIO: Un amor de cine (Seudónimo «Fanantenana») de Mª Francisca García López (Almedinilla)
SEGUNDO PREMIO: ¿Y ahora qué, Cristina? (Seudónimo «Cavalalo») de Encarnación Muñoz Serrano (Almedinilla)
TERCER PREMIO: Carta (Seudónimo «Poco») de Fidel Toro Roldán
(Almedinilla)
Nuestra más sincera enhorabuena a las personas premiadas y a todos 1@s participantes por la calidad y originalidad de sus obras.
Biblioteca Municipal-Concejalía de Cultura-Ayuntamiento de Almedinilla
NO ERA UN AMOR DE CINE
A mi querido yo:
¿Recuerdas aquellos años de colegio e instituto? Recordar, viene del latín re-cordis, «volver a pasar por el corazón», dijo Eduardo Galeano. Y me parece una palabra tan hermosa…Porque también dicen que «los ojos no olvidan lo que el corazón ha visto»
. Tu primer ideal del amor, no vino desafortunadamente de tus padres. Por desgracia, perteneces a una de las generaciones que nunca vio besarse o escuchó decirse te quiero a sus padres. Tampoco os besaban ni os decían te quiero a vosotros. Pero podíais palparlo en sus actos, al igual que muchas veces entrelíneas hay mensajes más profundos que en las propias palabras y frases. Tu primer ideal del amor lo encontraste en las telenovelas.
La cocina está recogida y la máquina de coser otra vez retumba en la casa.
La primera tarea de la tarde no viene dentro de la mochila, os la pone tu madre: «tenéis que pelar 50 faldas cada una».
. Algunas habilidades las traemos innatas y otras las adquirimos con las obligaciones del día a día. Esas manos tan pequeñas podían coger con gracia aquellas tijeras y quitarle todos los hilos que quedaban en la cinturilla y el bajo de las faldas a un ritmo admirable. Después se apilaban en montones de diferentes tamaños y con el atadero de tela se empaquetaban. Listos para cargarlos en el «pandilla» y subirlos a Brácana. La telenovela era vuestra banda sonora de cada tarde en aquella tarea. Aquellas historias de amor superaban cualquier otra cosa. La ilusión ya bailaba dentro de ti camino a casa, pensando en qué pasaría en el capítulo de hoy. Qué tiempos aquellos sin plataformas digitales. El amor de las telenovelas era imperecedero, único, eterno, inmortal. No importaban los obstáculos que pudiera poner el destino porque los protagonistas de ese amor volvían a encontrarse. Ese amor lo superaba todo. Y tú buscaste desde pequeña un amor así, porque no podías buscar otro que no fuera ese.
Y ese ideal de amor creció con el cine. Imaginabas un amor que te salvara de arrojarte desde la cubierta de un transatlántico, que recibiera el disparo que te tenia en su trayectoria, que se casara a escondidas contigo para no tener que compartirte. Soñabas con un amor que esperara en el porche de una casa que, en ruinas, fue el primer testigo de unos amantes inexpertos y que ahora, restaurada, tenía ventanales verdes y pinceles, óleos y lienzos dónde reencontrarte. Buscabas un amor que después de un paseo, delante de tu casa, te confesara sus ganas de hacerte el amor en ese momento y cada día.
Un amor que acompañara el buenos días con un princesa. Esperabas un amor con el que compartir un baile, una melodía y un vino en Africa y descubrir lugares lejanos y hermosos desde el cielo. Un primer amor que permaneciera puro e inerte en la memoria durante toda la vida, que pudieran ver los ojos de un ciego y que terminara siendo una fuente de inspiración.
Y ese ideal de amor se alimentó de la música y de la poesía y fue creciendo.
Qué maravillosa compañía a lo largo de todos estos años. Desde que aprendiste que bailar de lejos no es bailar, pasando por esa luna que os descubrió desnudos al amanecer, hasta que te desvelaron que existe un exoplaneta que colonizar donde no existe el futuro ni la ansiedad y donde te prometieron irte a visitar.
Mirate en ese espejo. Claro que duele. Duele mucho. Llora. Sientes que nadie te puede comprender, que estás sola. Ya sé que al final no era un amor de cine. Has perdido algo muy valioso para ti. Algo que has ido construyendo desde pequeña con telenovelas, películas, poemas y canciones. No eres menos bonita ni vales menos por eso. No rechaces lo que sientes, déjalo entrar en ti. Lo que rechazamos es lo que nos hace esclavos. No busques tu forma de amar en él. Lo que ocurre muchas veces es que proyectamos en el otro nuestra capacidad de amar. El amor que esperas y que creías ver en el otro sólo es el que tú eres capaz de dar. Y eso es algo grande que hay dentro de ti.
Te quiero.
FANANTENANA
¿Y ahora qué, Cristina?
Hace frío!, ¿verdad? Esta fue la última vez que me dirigiste la palabra, si mal no recuerdo, hará ya más de un mes. Tu presencia en mi vida se transforma en una ausencia profunda en mi corazón.
Mi psicóloga me pregunta en cada terapia cuál fue el detonante que hizo que nuestra relación, aparentemente normal, diera un vuelco de 180°.
¡No lo hay Cristina!, le aseguro que no lo hay. Nunca te acuestas con el hombre que amas una noche y te levantas de su lado sintiendo la soledad más apabullante jamás conocida. Pero un día te miras al espejo y te ves una arruga más, otro día vuelves a detenerte frente a él, mientras lo limpias con una bayeta y percibes una mirada triste y de pronto no te reconoces.
Y en un momento tu cabeza comienza a arder por ebullición de pensamientos y sentimientos y hace una especie de clic, te apetece solo gritar para salir de esa realidad que te aprisiona y que sabes que no puedes escapar.
Y quieres llorar, pero la garganta y los ojos se secaron por las silenciosas lágrimas derramadas desde hace tanto y tanto tiempo.
Y me giro, y veo tu ropa esparcida por el dormitorio, y lo que otrora me gustaba cogerla para impregnar mi piel con tu olor, hoy me repugna y me da arcadas.
No Cristina, no me pidas que te diga dónde está la raíz del problema, no me pidas que abra la polvorienta caja de recuerdos porque mi corazón la cerró con un candado oxidado pero fuerte, cuya llave terminé hundiendo en lo más recóndito de mi ser.
Hubo un tiempo, Cristina, en que mi mundo estaba lleno de mariposas, mariposas que revoloteaban como aureolas sobre mi piel. Miraba el reloj a cada instante en el trabajo para restarle al tiempo que me llevaría a reencontrarme con él.
No veía nada a través de mis ojos, solo lo hacía a través de los de él. No tenía opinión propia cuando salía a tomar un café con mis amigas y solo hablaba de lo que él decía o pensaba. Y así un día y otro día, hasta que arrugada y marchita me encontré de bruces con mi yo frente a mi propia sombra, chocando con el lúgubre frío del muro de la verdad.
Muchas veces me pregunto, Cristina, ¿dónde van los besos que no damos, dime, dónde?, y ¿qué de aquellos abrazos que tanto he necesitado y que nunca recibi?
Otras veces me cuestiono qué hubiera pasado si después del primer desaire suyo, o falta de atención, yo le hubiera hablado y no callado, si después de su primer desplante yo me hubiera quejado, si ante su indiferencia yo le hubiera gritado un ¡estoy aquí!…
¿Qué hubiera pasado, Cristina? Tal vez hoy sería una mujer fuerte, dispuesta a rehacer mi vida, con una sonrisa y brillo en la mirada.
Pero caigo en hacerme preguntas cuyas posibles respuestas me hacen aún más daño, ¿por qué esto, por qué lo otro, y si hubiera? Todo esto me mengua como persona, me hace titubear hasta de mí misma. Sencillamente esto que yo llamé amor hace que ahora no crea en mí.
Cuando veo a Jaime dormir me recuerda su gesto. Pienso en qué estarás soñando, hijo mío, porque tus labios esbozan una sonrisa. En susurros me acerco y te digo: ¡sueña amor mio, pero que sea todo bonito, para que se haga realidad tu mundo de imaginación cuando despiertes! Y es que me encanta detenerme a tu lado, hijo mío, y ver tu cara descansar frente al rayito de luz que dejo escapar por la ventana. Pero mi paz se esfuma, como lo hace un suspiro, al venir a mi mente la otra sonrisa, la de su padre, la que está llena de picardía insana, la que me transmite inseguridad, tristeza y sobre todo abandono.
¿Cómo puedo vivir, Cristina, con esta mezcla de ingredientes? Y aún así me pides, Cristina, que lo supere, que le de la importancia justa y que me esfuerce en ver y percibir la cantidad de cosas bellas que me ocurren a lo largo del día… ¿Y si te dijera que eso es lo que vengo haciendo desde hace mucho, pero mucho tiempo?
¿Y ahora qué, Cristina, te has quedado sin argumentos? No porque seas psicóloga tienes respuesta para todo, ¿cierto?
¿Y ahora qué, Cristina?
Seudónimo: Cavalalo
«Universo de cartas de amor y/o desamor»
Tanto tiempo esperando, para iniciar estas palabras, que no son palabras, soy yo, lo que queda de mí, lo que puedo trasmitir, las cenizas, de lo que un dia fui.
Tal vez no me recuerdes y si lo haces, quizás solo sea una sombra, difusa y arrinconada junto a otros posibles, gratos recuerdos de juventud que se amontonarán sin duda, por los rincones de tu memoria.
No alcanzábamos los quince, aquel primer día de un julio caluroso, en el cual, caminando, solo, cabizbajo y pensativo alce la mirada y mis ojos, fijos en los tuyos durante una eternidad de no más de un segundo, quedaron atrapados, indefensos rendidos y prisioneros de tu dulce, pura y sincera mirada.
Tal vez fuese caminando por una concurrida avenida rodeado de multitudes o por un desolado olivar, todo ello, difuso en mi memoria, solo atisbo a recordar, tus ojos, en ese breve e infinito periodo de tiempo.
Que larga la espera y que difícil conversaciones con amigas, confidentes, confesores, buscándote en sus palabras y no encontrando lo deseado, retornando, paseando, nervioso repitiendo lo vivido y no logrando lo deseado.
Pasadas las horas, que fueron días, que fueron meses, que fueron vidas, nuestros pasos se volvieron a cruzar. Tú sola, leve sonrisa en los labios, suave caminar, tenue brisa se desprendió de ti, rozando tú piel, peculiar aroma que en mi se vino a quedar, no hubo miradas, no hubo palabras, solo paz.
Espera interminable, con deseo de volver a empezar, sin saber dónde buscar, sin saber lo que quise encontrar, mente desenfrenada, imaginación desbocada.
Como poder avanzar como encontrarte, como poder escucharte.
Una larga conversación, tú y yo, nadie alrededor, tiempo sin fin, describiendo tus anhelos, ideas, pasiones, como compartir proyectos interminables, agradable voz que se repite en mis oídos, pasa el tiempo y nunca termina no quiere terminar, historias que no tienen final.
Un nuevo día, en mi mente, te vuelvo a encontrar, me armo de valor, hoy te pienso saludar, pobre de mí, tuve miedo, tuve valor, estaba preparado, pero hoy la suerte decido que sería mejor esperar.
Esperar, que fácil palabra de pronunciar y que difícil encontrar sentido a ese tiempo de dolor indescriptible del que no conoces el principio y si tendrá un final.
Solo quería conocerte, escusa pobre e incierta para un alma desolada, aplastado por la incertidumbre, solo quería saludarte, falsa imaginación que esconde un ansia que fluía por rozar tu mano, tu piel, tu mejilla.
Necesitaba un nombre, una dirección, un escudo, tras el cual proteger y ordenar los sentimientos, carentes de valor, que no lograban avanzar un punto de partida, un inicio para lograr un destino final.
Termina Julio, comienza agosto, todo seguía igual, desconocida, pero ya muy familiar, avanzamos, juntos paseamos, nos tocamos, dominamos el silencio, la felicidad brota sin parar, mi mente no me quiere respetar.
Una fiesta local, la plaza, el baile, las gentes que disfrutan ajenas a la incertidumbre, el sufrimiento de no encontrarte de no conocerte, de no saber nada de ti.
Ése fue el día, que junto a la fuente, nuestras miradas se volvieron a cruzar, cerca estuve de alguna palabra, algún sonido pronunciar, no pude, ni dejar de mirar, ni llamarte, ni tenerte.
Cuando ya creía tenerlo todo, aún más, pudo entrar en un alma desbordada, descontrolada, amor, locura, nada podía igualar a los sentimientos que derramados fuera de mi, por no coger en tan pequeño recipiente buscaban alojamiento externo de mi ser.
Mis ojos frente a los tuyos, rostros que se aproximan, lentos, suaves, labios que tiemblan, placer que se avecina, miedo, nervios que me invaden, descontrol de mi carne, mi alma se revela, la mirada se me nubla, las palabras que nunca salieron y nunca saldrán, llego el momento, llego un final.
Sabores que se mezclan, olores que se funden, el tiempo se detiene, las fuerzas me abandonan, no tiene comienzo, no tiene final, la mente me traiciona y no permite razonar.
Llego septiembre y la calor comienza a marchar, la rutina amenaza con regresar a una vida que lucha por despertar, desgarrado, roto y acabado, te busco sin parar, no logro nada de ti, ni tu nombre ni tu ser.
Pasan los años y el recuerdo de lo que no fue, nunca consigo olvidar, que triste la vida del cobarde, que triste la vida sin saber.
Hoy, casi sesenta, alguien supo de ti hablar, sola, paseando tranquila, dulce vida, sosiego, no quise esto dejar pasar, pues ya si, el valor a mi acudio y no solo el desasosiego, sino la esperanza y felicidad, sonrisa que contigo quise compartir y todos estos años una a una acumulan miles en mí.
Pronto será agosto, baile, música y fuente, esta vez las palabras brotaran, sin miedo que paralice lo que tanto tiempo esperó a ser oído y tal vez, solo tal vez, comprendido.
POCO.

