1. Javier, tienes 27 años y llegas a Almedinilla como tu segundo destino. Si tuvieras que presentarte ante el pueblo sin decir que eres sacerdote, ¿cómo te describirías?
¡Uf! Hablar de uno mismo cuesta, al final las palabras se las lleva el viento y será con el paso del tiempo como podréis ir conociéndome.
Soy el más pequeño de tres hermanos, soy natural de Córdoba, y en casa mis padres me han enseñado a valorar las cosas verdaderamente importantes. De ellos —podría decir mil cosas— pero destaco que he aprendido su constancia y el sacrificio para sacar las cosas adelante y de cómo nos han inculcado en la fe el valor de la familia y preocuparnos por los demás.
Por mi parte, vivo ilusionado y enamorado con lo que hago. Es verdad que a veces llega el cansancio, pero eso no quita la satisfacción de poder ayudar en lo que está de mi parte.
Como afición puedo deciros que me gusta escaparme y desconectar con la naturaleza. Cuando puedo sacar algún rato, me gusta leer tranquilamente. También soy del Atlético de Madrid, aunque últimamente por los horarios estoy más desconectado. No sé, en general, me gusta vivir con naturalidad las cosas, desde tener que escuchar a alguien a salir y poder echar un ratillo agradable compartiendo y tomándonos algo.
2. Vienes de Córdoba y ahora te toca hacer de Almedinilla tu casa. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando supiste que este iba a ser tu nuevo destino?
Fue curioso que cuando me comunicó el señor Obispo el traslado era el día 24 de junio, día de san Juan Bautista. Al principio fue un poco de nervios porque nunca había tenido la oportunidad de conocer el pueblo, no sabía nada o casi nada de sus costumbres, de su gente, ni siquiera de sus paisajes. He estado en muchos pueblos de Córdoba gracias a los años de Seminario tanto con las misiones vocacionales en torno al día de San José o cuando acudíamos los fines de semana a ayudar a los sacerdotes. Sin embargo, en Almedinilla nunca había tenido esa oportunidad. ¿Cómo será aquello? ¿Serán personas frías o acogedoras? ¿qué realidades habrá en la parroquia? ¿Cómo serán las aldeas? Y otro sin fin de preguntas que me venían a la cabeza. Era comenzar una vida nueva por completo y eso producía una cierta incertidumbre. Soy consciente de que me uno a una parroquia en funcionamiento que se ha ido forjando a lo largo de los años y que cada sacerdote ha ido aportando su granito de arena. Por eso, cuando pude compartirlo con los compañeros todas estas preguntas se fueron respondiendo gustosamente.
3. A los 27 años, muchas personas están pensando en viajar, trabajar, independizarse o descubrir qué quieren hacer con su vida. Tú elegiste el sacerdocio. ¿Qué encontró Javier en ese camino que hizo que dijera: «Este es mi sitio»?
Aunque es algo que se ha ido forjando desde chiquito en la familia, fue un empujón que recibí hace aproximadamente 10 años. Sobre los 15 años se creó el grupo joven de la Hermandad a la que pertenecía desde la infancia, a partir de ahí se crearon unas amistades que me permitieron acercarme más a Dios y profundizar en la fe. Con los 17 años tuve la oportunidad de ir con la parroquia a la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia en 2016 y allí me encontré con una Iglesia joven y al tratar con los que aspiraban al sacerdocio y con muchos sacerdotes en esas semanas conocí de cerca lo que significaba ser sacerdote. Empecé a plantearme qué era lo que Dios quería de mí. Tenía muchas dudas, sabía que era un modo de vida con renuncias y, en cierta manera, contracultural. Al regresar de esta experiencia comencé a tener una vida de fe seria y a frecuentar el seminario, allí compartía con los seminaristas y podía hablar con ellos y con los sacerdotes encargados del seminario. Cada viernes que acudía volvía con el alma llena, como si el Señor me dijera en el corazón “¡Adelante! ¿A qué esperas a decir que sí?”. Y mientras estudiaba segundo de bachillerato fue cuando tomé la decisión de entrar al Seminario en el siguiente curso.
4. Vas a encontrarte con un pueblo donde muchas personas se conocen desde siempre. ¿Qué te gustaría que los vecinos descubrieran de ti durante este tiempo? ¿Y qué te gustaría descubrir tú de ellos?
Dicen que el sacerdote debe ser “distinto, pero no distante” y creo que es bonito cuando las personas y el mismo sacerdote perciben esta realidad. Distinto en cuanto a la misión y vocación que conlleva ser enviado por Cristo para hacerlo presente en las diferentes realidades de la vida cotidiana. No significa ser una persona rara o huraña, al contrario, de ahí “no ser distante”. Cuando fue elegido el Papa León recordó una frase de San Agustín que decía “con vosotros soy cristiano, para vosotros soy pastor” y como cristiano todos tenemos nuestras luchas, ilusiones y preocupaciones. Reconocerlo nos permite estar cercarnos y acompañar comprendiendo al que está enfrente.
Por mi parte, me gustaría ir descubriendo la vida que hay detrás de tantos rostros y tantos nombres como voy aprendiendo. Esto se da cuando hay naturalidad, poder conocer a cada uno tal como es, con sinceridad, más allá de la apariencia o de los intereses que puedan convenir. Cuando se da esta nobleza se origina la confianza y la amistad verdadera. Estas amistades son las que uno agradece y que nos permiten crecer.
5. Ser sacerdote también significa escuchar. Si alguien de Almedinilla se sentara contigo y te dijera simplemente «necesito hablar», ¿qué te gustaría que encontrara en Javier?
Para mí lo más importante es que las personas puedan acercarse con la confianza de saber que se sienten escuchadas y acompañadas, sin sentirse discriminadas o prejuzgadas. Soy consciente de que todos tenemos nuestros problemas y nuestra forma de ser y que perfecto solo existe Dios. Por eso, ni me asusto ni me escandalizo, para mí lo importante es que se sientan arropados y a partir de ahí intentar buscar la voluntad de Dios en cada uno de los acontecimientos de nuestra vida y en ese sentido ayudar para llevarla a cabo en todos los aspectos de la persona humana desde lo social hasta lo espiritual.
6. ¿Qué cosas pequeñas te hacen sentir que un lugar empieza a convertirse en hogar?
Desde los primeros días que llegué al pueblo he notado muchos detalles sencillos que me han hecho experimentar la cercanía de la gente como el saludarnos y pararnos a hablar por la calle, cuando se interesan por mí y me preguntan cómo estoy o si me hace falta algo, o las invitaciones espontáneas para compartir en la casa o en el bar. Cuando se da esa cercanía y esas muestras de cariño uno se siente como en casa.
7. Almedinilla tiene sus propias tradiciones, fiestas, historias y formas de vivir la fe. ¿Hay alguna tradición o rincón del pueblo que ya tengas ganas de conocer especialmente? ¿Por qué?
Una de las cosas buenas de que llegase a finales de agosto, es que me ha dado tiempo a conocer las fiestas en honor a Jesús Nazareno. Esos días me han servido para conocer muchas personas y tratar con ellas en un ambiente distendido. Tengo ganas de conocer como se vive aquí la Semana Santa, cada pueblo lo vive de una forma distinta con sus costumbres y tradiciones. Por otra parte, como me gusta salir a andar, poco a poco voy conociendo rutas para hacer senderismo y así voy aprovechando esa riqueza que tiene nuestro pueblo.
8. Imagina que dentro de unos años alguien de Almedinilla habla de tu paso por el pueblo. ¿Qué te gustaría que dijera de Javier?
Vengo aquí —como cualquier sacerdote— con una misión concreta que es acercar a las personas a Dios. Sería bonito que cuando pase el tiempo se pudiera decir que muchas personas en los diferentes momentos de su vida se han podido encontrar con Dios.
9. También llegarás a personas que quizá están muy vinculadas a la Iglesia y a otras que no lo están tanto. ¿Cómo te gustaría acercarte a quienes sienten que la Iglesia está lejos de su vida?
Esto es una tarea fundamental: ser sacerdote para todos. Especialmente con aquellos que han podido experimentar esa lejanía con la Iglesia. Es la tarea que hizo Jesucristo salir al encuentro de los que parecían estar alejados. Y ese es el camino que propone a la Iglesia y a los sacerdotes. Ya nos lo recordaba el Papa Francisco: “Por favor, no nos quedemos atrincherados en la sacristía… Hay un mundo que espera el Evangelio y el Señor desea que sus pastores se conformen a él… Tenéis que ser sacerdotes encendidos en el deseo de llevar el Evangelio a los caminos del mundo, a los barrios, a los hogares, sobre todo a los lugares más pobres y olvidados” [Discurso del 7-02-2022]. Por eso, estar disponible para todos, hacerme presente en las diferentes realidades del pueblo y prestar mi colaboración, pienso que me puede permitir abrir diálogo con todos, practicantes o no.
10. Y para terminar, Javier: si pudieras sentarte ahora mismo con todo Almedinilla delante y decirle una sola cosa antes de comenzar esta nueva etapa, ¿qué le dirías?
Les diría que vengo con mucha ilusión y con ganas de trabajar por el pueblo. Que estoy disponible desde ya para lo que necesiten y que necesitaré también contar con cada uno de ellos para seguir haciendo parroquia juntos.

